Busca lo que no encuentres

sábado, 4 de enero de 2014

CAPITULO 65

Estaba con Justin en nuestro campo. Rodábamos sobre la hierba mientras nos besábamos y reíamos. Se sentía como el paraíso. Solo éramos él y yo, nadie más podía interrumpirnos. Nosotros y nuestro amor. Ahora sabía que él me amaba tanto como yo le amo a él, ambos conocíamos los sentimientos del otro. Esta relación había llegado a un nivel superior pero daba miedo pues no llevábamos tanto tiempo juntos como para hablar de amor. Pero sucedió, inexplicablemente sucedió. Yo tenía mis teorías y no me privaba de exponerlas ante Justin. La más fuerte era que en una vida anterior Justin y yo ya nos conocíamos. Incluso tal vez fuimos pareja y es por eso que ahora tenemos sentimientos tan fuertes el uno con el otro. Este tipo de sentimientos no se pueden provocar, salen de manera natural. Es amor puro e incondicional, estaba segura.

De pronto en ese idílico sueño empezó a llover. Pero no eran gotitas, no, parecía que estuviésemos debajo de una cascada. Miré mis ropas y estaban totalmente mojadas. Miré a Justin y  él estaba completamente seco. ¿Qué demonios? ¿Por qué solo me estaba mojando yo?

Abrí los ojos y vi que no estaba en el prado, que no llovía, que no estaba con Justin y lo peor era que tenía una pistola apuntándome. No pude evitar chillar pues eso era lo último que esperaba encontrarme al abrir los ojos.


- ¡Calla zo*rra! Como vuelvas a gritar te meto una bala entre esos dos bonitos ojos que tienes. ¿Lo quieres? – negué sin intentar volver a pronunciar sonido alguno. Me había asustado de verdad y no tenía ninguna intención de que ese hombre cumplirá su amenaza – está bien. Ahora escucharás bien atentamente y calladita. ¿De acuerdo? – Asentí – tu novio se está metiendo donde no le llaman. Le avisamos y le avisamos pero él sigue indagando sin hacernos caso. Incluso le dijimos que tú podías sufrir daños… ¿Y qué ha hecho el est*úpido? Ignorarnos de nuevo y seguir con lo suyo – dio una vuelta a mí alrededor, sabía que me estaba desnudando con la mirada – así que nosotros hemos cumplido la promesa pues nadie juega a este jugo sin seguir nuestras normas. Y déjame decirte que McCann es un tipo muy listo, ahora entiendo por qué te conserva pese a saber que podemos matarte fácilmente. Estás muy buena, a mí tampoco me importaría si te matan o no mientras pudiese disfrutar de este cuerpo.
- ¡Cállate malnacido! – le grité sin poder contenerme. Él se abalanzó hacía mí y agarró mis mejillas con una sola mano haciéndome daño.
- No, no, no, no. ¿Qué te dije? Cierra el pico si no quieres morir antes de poder decirle adiós a McCann pues seguro que ahora te está buscando como loco. ¿Sabes? Tú novio es demasiado confiado.
- ¿Qué quieres decir? – si esa vez le molestó que hablase, no dijo nada y me contestó.
- ¿Cómo crees que sabía dónde encontrarte? McCann no debería confiar en según quien, pues hay muchas cosas que pueden tentar a la traición - ¿De qué está hablando? ¿Alguien ha traicionado a Justin? – y no solo hablo de que confía en personas que tienen dos caras, también hablo de el hecho que confía en él mismo. Cree que lo tiene todo bajo control pero ahora ya habrá visto que nosotros siempre vamos un paso delante de él – volvió a clavar su mirada en mí – mataría por ver la cara de desesperación en su rostro. Lástima que deseé que él te vea morir en directo, sino te aseguro que no estarías viva en este momento. Pero el jefe quiere verlo sufrir. Un tópico, ¿no te parece?
- ¿Quién es tu jefe? ¿Alien? – volvió a apuntarme con la pistola y la verdad es que eso es algo muy desagradable.
- Me han ordenado que te mantenga con vida hasta que McCann te encuentre pero también saben que no soy muy tolerante. Si te mato no me importará y dudo que le importe al jefe. Tal vez McCann no te vea morir en directo pero sabrá que has muerto, eso le dolerá de igual  manera. Tal vez menos pero dolerá - ¡Maldita sea! O sea que estoy muerta, genial. Esto se ponía cada vez mejor y mejor.
- Pues mátame ya. ¿A qué esperas? – Si me iba a matar prefería ahorrarle a Justin el sufrimiento de que lo viera con sus propios ojos – aprieta ese maldito gatillo e incrústame esa bala en mi entrecejo tal y como has dicho que harías.
- Por Dios, ¿en qué idioma hablas? No entiendo por qué McCann se buscó a alguien totalmente ajena a nuestro mundo. Te aseguro zorr*ita que ninguno de nosotros diría cosas como <<incrústame>> o <<entrecejo>>. Mira que hay tías buenas metidas en esto como Faith, y va el est*úpido y se busca a una niña bien – comentó con asco. ¿Faith? ¿Este tipo conoce a Faith? Oh Dios mío, Faith debe ser la que ha traicionado a Justin. Sé que le caigo mal pero si le sigue gustando Justin no entiendo por qué le haría un daño como este – y no, no te voy a matar. Me está costando pero estoy logrando controlar mis impulsos. Si me ofrecí a hacer esto no es solo por cumplir órdenes. Tengo una cuenta pendiente con McCann y disfrutaré mucho más si sé que él te ve morir en mis manos. Pagaría por ver eso pero lo veré gratis, que es mucho mejor.
- Me das asco – dije y le escupí. Él me abofeteó.
- No es algo que una mujer no me haya dicho con anterioridad, sobre todo cuando las he tenido que forzar a follar. Primero son unas calientapo*llas y luego se hacen las santitas. ¿Para qué provocan si no tienen intención de hacer lo que sus gestos prometen? ¿Qué te parecería probar en primera persona si doy tanto asco como dices? – cuando vi que se acercaba a mí no dudé en cuáles eran sus intenciones. Me removí e intenté pegarle de la manera que pude. Grave error. El tipo se sacó una navaja de algún lugar y con ella apuntó mi cuello – no juegues nenita. Eres peleona, te desenvolverías bien en esto. Lástima que vayas a morir. No te voy a tocar… por ahora. Pero sí que te voy a dejar un recuerdo – de pronto noté como la hoja de la navaja rozaba mi muslo derecho y luego el izquierdo. El dolor atravesó todo mi cuerpo. Miré hacia abajo y vi mis muslos sangrando a causa de unos cortes – te quedarán unas marcas preciosas. Lástima que no las vayas a poder lucir en la piscina el próximo verano porque para entonces ya estarás muerta – y riendo se fue de la habitación mientras yo me volvía a sentir cada vez más y más mareada. ¿Sería por la pérdida de sangre? Cerré los ojos y no los volví a abrir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario