Estaba en un
lugar desconocido pero era acogedor y agradable. Pero aunque hubiese sido el
infierno me daría igual pues Justin estaba conmigo, eso era todo lo que me
importaba.
- ¿En qué piensas? –
me preguntó.
- En ti… en mí… en
nosotros.
- Hmm… me gusta –
dijo justo antes de inclinarse y besarme – aunque tus labios me gustan más.
- Pues mis labios
no pueden vivir sin los tuyos.
- ¿Es eso cierto?
- Por completo – le
dije mientras ponía mi mano derecha encima de mi corazón.
- Te amo – dijo riendo.
- Y yo.
Estábamos
fundiéndonos en un beso apasionado cuando oí algo vibrar. Rompí el beso y miré
a mí alrededor para luego volver a mirar a Justin.
- ¿Ocurre algo?
- ¿No oyes… esa
vibración? – Justo cuando lo dije empezó a sonar una melodía que me era
familiar – eso suena… suena como mi teléfono.
Abrí los ojos y
lo primero que vi fue una pared blanca. No, no era una pared. Era el techo de
mi habitación. Me incliné y miré a mí alrededor, había sido un sueño. Solo
habían pasado 38 horas desde que Justin se fue el viernes y como mínimo quedan
10 más según me dijo.
Dejé ir un suspiro
y me volví a acostar. Vi en mi despertador que eran las 7 de la mañana. Genial.
¿Quién se despierta un domingo a las 7 de la mañana? Yo no.
Volví a cerrar
los ojos intentando conciliar el sueño cuando de nuevo sonó la misma melodía
que en mi sueño. Me volví a incorporar y vi la pantalla de mi móvil brillando.
Así que eso me despertó… Lo cogí y vi el nombre de Twizzy. ¡¿Twizzy?! ¿Qué
demonios quiere?
- Espero que tengas
una muy buena razón para despertarme a las 7 de la mañana un domingo – le casi
grité nada más descolgar el teléfono.
- Gabriella… -
respondió dudando y de pronto me imaginé lo peor.
- ¿Qué? ¿Qué ha
pasado? ¿Justin está bien? Por favor Twizzy, no te quedes callado y dime que
está pasando. ¿Dónde estás? Voy ahora mismo hacia allí. ¡Respóndeme! – dije al
borde de la desesperación.
- Justin está bien
Gabriella, cálmate. No te llamaba por eso aunque si necesito que vengas donde
estoy – suspiré de alivio. Justin estaba bien. Justin estaba bien. Todo iba
bien.
- ¿Por qué?
- Te lo cuento en
cuanto llegues pero necesito que estés aquí.
- ¿Estoy en
peligro? – pregunté temerosa de la respuesta que podía escuchar.
- No, no es nada
por lo que te tengas que preocupar pero tú solo ven. ¿De acuerdo? – asentí y
enseguida me di cuenta de que él no me podía ver. ¿O sí?
- Vale, voy para
allá. ¿Pero dónde estás?
- En el parque ese
donde siempre te encuentras con Justin. ¿Podrás venir?
- Sí, bajaré por el
balcón para no despertar a mis padres. Tú espérame ahí – y colgué.
Me vestí
rápidamente sin prestar atención a lo que me estaba poniendo. ¿Qué querría
Twizzy? Jamás me había hecho esto. Es decir… jamás me había despertado tan
pronto para que nos encontráramos por lo que pese a que él me haya dicho que
todo va bien, yo no estoy tan segura.
Bajé por el
balcón con éxito. Vaya, ahora entiendo porque Troy y Justin lo hacen. No es tan
complicado.
Fui medio
corriendo hacia el parque y cuando llegué no había nadie. Pero nadie, nadie. No
había gente y ni siquiera estaba Twizzy. ¿Qué está pasando? ¿Era una broma?
¿Twizzy me estaba tomando el pelo? ¿O
era… una trampa? ¡Oh Dios mío! ¿Y si los malos han secuestrado a Twizzy y le
han obligado a citarme aquí? ¿Y si ahora aparecen de la nada y me atrapan?
No pude seguir
pensando en hipótesis porque de pronto noté unos brazos rodeándome. Pegué un
bote por el susto y luego empecé a forcejear. Oh no, no se lo iba a poner
fácil. Si quienquiera que sea me está secuestrando, voy a luchar hasta el final
para que esto no pase. Quedan menos de 10 horas para ver a Justin, necesito
verlo. Luego si quieren me pueden hacer lo que sea. Aunque pensándolo mejor…
prefiero estar en casita tranquila y a salvo.
- Gabriella,
Gabriella. ¡Soy yo! – Al oír esa voz paré de moverme – No sabía que esa iba a
ser tu reacción al verme. Pensé que me querías más… preciosa.
- ¡Justin! – me giré
y salté encima suyo. Sin pensármelo aplasté mis labios en su frente, sus ojos,
sus mejillas hasta dejarlos en sus labios y él me correspondió al beso.
¡Justin estaba
aquí! ¿Pero cómo? Me dijo 48 horas y todavía no han pasado. ¿De verdad está
aquí? ¿Ya ha terminado lo que tenía que hacer?
- ¿Qué haces aquí? –
le pregunté nada más romper el beso.
- Creí que te
gustaría verme.
- Pues claro que me
gusta verte, te he echado muchísimo de menos pero te esperaba dentro de unas
horas.
- Lo sé pero no
podía aguantar más tiempo el estar lejos de ti – sonreí y volví a besarle. Esta
vez no estaba soñando, Justin estaba en Alburquerque conmigo.
Estaba en el
cibercafé con Justin, Taylor y Chad. No podía parar de sonreír. Ya sabía que
Taylor y Justin se llevaban bien pero me sorprendió Chad. Hablaba y bromeaba
con Justin como si fueran amigos desde hace años, como si fuera… Troy. Bueno,
tampoco era para tanto. Evidentemente no puedo pretender que en un día Chad y
Justin se lleven tan bien como Chad y Troy. Ellos hacen años que se conocen.
- ¿Gabriella donde
estás?
- ¿Eh? – volví al
mundo real al oír la voz de Taylor llamándome la atención.
- Estabas
totalmente absorta y nos estamos despidiendo.
- ¿Os vais?
- Me parece que vas
a tener que controlar más a tu novia Justin. A saber en qué… o quien estaba
pensando – miré mal a Chad y luego hice lo mismo con Justin cuando se rió.
- Ja-Ja, muy
maduros. Riéndoos de mí.
- No te enfades
preciosa – dijo Justin antes de darme un beso en la coronilla.
Nos despedimos de
ellos y fuimos caminando hasta mi casa. En mitad del camino recordé a la chica
del otro día y decidí comentárselo a Justin.
- ¿Sabes? El viernes
nada más irte apareció una chica que no había visto en mi vida.
- ¿Sí? ¿Y qué pasó
con esa chica?
- Pues algo
bastante raro… - hice una pausa pensando en ello – se me acercó y me preguntó
por un tal Jason. Bueno, más bien te confundió con un chico llamado Jason y me
pregunto si éramos amigos. Y yo evidentemente le dije que no conocía a ningún
Jason y que tu nombre era Justin – reí pero paré en cuanto noté que Justin no
reía. Me giré para mirarlo y se le veía rígido - ¿Qué pasa? Creí que te haría
gracia.
- ¿Te dijo algo
más?
- ¿Quién? ¿La
chica? – él asintió – pues no, solo comentó en broma que ese Jason y tú debéis
ser hermanos gemelos separados al nacer o algo así. ¡Ah! Y dijo que nos
veríamos pronto aunque lo dudo. No la conozco y estoy bastante segura de que
ella a mí tampoco.
- Gabriella… - él
paró de caminar y yo hice lo mismo. Algo no iba bien, podía notarlo.
- ¿Qué ocurre
Justin?
- Yo… - pero no
acabó lo que iba a decir. Miró al frente, detrás de mí y abrió mucho los ojos.
- Madre mía,
¡Justin Bieber! – oí decir a una mujer detrás de mí. Había escuchado antes esa
voz – que sorpresa volverte a ver. Pero la última vez te hacías llamar Jason
McCann. ¿Recuerdas?