Una cosa curiosa
del primer día de clase es que todo el mundo llega a la hora. ¿Por qué será?
¿Por los profes? No, no creo. ¿Por las ganas de empezar un nuevo curso? Bueno…
tal vez al principio eso siempre es emocionante. Después de las 2 primeras semanas
lo único que deseas es que lleguen las vacaciones de verano de nuevo. ¿Por ver
a tus amigos/compañeros? Sí, tal vez esa sea la más lógica. Aunque existe Facebook, Twitter, Whatsapp y esas cosas. No entiendo por qué alguien esperaría
al comienzo de las clases si de verdad quiere hablar o encontrarse con otra
persona. ¿Estúpido, cierto?
Y por sexto año
consecutivo mi taquilla está en el mismo lugar y con la misma clave. Una vez
escogidos los libros toca cerrarla, pero al hacerlo no puedo evitar pegar un
bote. Una cara sonriente me estaba esperando al otro lado.
- Hola Gabriella,
¿Cómo amaneciste?
- Muy bien.
Gracias por preguntar Troy. ¿Y tú?
- Ahora que te vi
mi día ha mejorado muchísimo – y justo después de esa frase mostró una gran
sonrisa.
Troy. El chico más
popular del colegio y el gran deportista. Va a mi misma clase des de que tengo
memoria. Es el hijo del alcalde, ya sabes, un niño mimado. Hace unos años era mi mejor amigo. Él, Sharpay y yo éramos los mejores amigos que alguien
podría imaginar. Des de parvulario hemos ido a la misma clase y desde entonces
fuimos los mejores amigos de toda la ciudad hasta hace unos 3 años. Cuando Troy y
sus hormonas destrozaron todo. Ahora no me hablo con Sharpay apenas. Cada una
ha continuado su vida sin la otra. Sin embargo con Troy no es lo mismo. Mi
padre y el suyo suelen tener muchas reuniones para hablar de la seguridad de la
ciudad y eso. Y suelen ser cenas… con la familia de ambos hombres. Así que
inevitablemente lo he tenido que ver sí o sí, y si a eso le sumamos el hecho de
que me acosa pues ya lo rematamos. No me acosa… de mala manera. Sino que aunque
a mí no me apetezca tener nada que ver con él, Troy se empeña en volver a mi
vida.
- ¿Estas
preparada para el nuevo curso?
- Sí. Lo que no
sé es si estoy preparada por aguantarte otro año más – y sonriendo falsamente
intento alejarme de él sin mucho éxito, pues él me sigue.
- Me aguantarás,
ya verás. ¿Y sabes qué? Creo que esta vez sí que sí.
- Sí que sí ¿qué?
– y me arrepiento de preguntar al instante. Troy se acerca a mí muy
peligrosamente. Su cara solo está a unos pocos centímetros de la mía - ¿Qué
haces?
- Creo que esta
vez sí que caerás rendida a mis pies. Dame 4 semanas. Después de 4 semanas no
podrás vivir sin mí.
- Ya, ¿siguiente
chiste por favor? – río sin ganas – y ahora si me disculpas, intento llegar a
clase.
- Y yo. Te
recuerdo que vamos a la misma.
- ¿Por qué no estás
con Sharpay? Es a ella a quien tendrías que estar incordiando, al fin y al cabo
es tu novia – digo como última excusa para sacármelo de encima.
- No es mi novia,
ya lo sabes. Solo tú puedes tener ese privilegio y ¡ojo! Hay muchas chicas
muriéndose por tener un affaire con Troy Bolton.
- Bien. Entonces
no saben lo que les espera. Me siento mal por ellas y por Sharpay. Creo que
deberías dejarle claro cuál es vuestra relación desde tú punto de visa.
- ¿Celosa?
- ¿Perdón? –
ahora sí que río con ganas. Sin embargo ya hemos llegado a clase así que no
podemos hacer otra cosa que entrar y sentarnos en nuestro lugar.
El profesor llega
5 minutos después de nosotros. Vaya… puntual hasta el primer día de clase. No
si ya lo decía yo… el primer día de clase tiene algo especial que hace que todo
el mundo llegue a su hora.
- Bien alumnos.
Espero que hayan disfrutado de sus vacaciones de verano y estén preparados para
empezar este nuevo curso. Como sabrán es el último para ustedes, a no ser que
alguien decida no dar ni un palo al agua durante el curso – y nos mira a todos
uno por uno – y nos veamos las caras de nuevo al año siguiente. Ahora sí,
saquen sus libros y voy a proceder a pasar lista.
Se oye el
traqueteo de las cremalleras abriéndose y como dejamos los libros encima de
nuestras mesas para luego girarnos de nuevo hacía el profesor.
- ¿Baylor? – chilla
de pronto el profesor.
- Presente.
- ¿Bolton?
- Presente.
- ¿Cox?
- Presente.
- ¿Cross?
- Presente.
- ¿Danforth?
- Presente.
- ¿Evans, Ryan?
- Presente.
- ¿Evans, Sharpay?
- Aquí, profesor.
Yo creo que un día va a venir con una máscara o algo. Sharpay lleva tanto maquillaje encima que no se ven ni sus ojos. Sharpay Evans. La otra parte del trío de mejores amigos que expliqué. Su padre es el hombre más rico de la ciudad y probablemente del país entero. Es una niña mimada a la que siempre le han dado todo hecho pero recuerdo que cuando éramos amigas ella era muy sensible con las cosas y pese a tener todos los caprichos que quisiera, era consciente de lo que había a su alrededor. Una vez nos distanciamos empecé a pensar que tal vez esa idea solo me la había formado yo debido a su hermano gemelo Ryan, quien es como describí a Sharpay. Pero ahora ella parece estar en su propio mundo pintado de rosa.
Como la “popular” del colegio, debido a la gran cantidad de dinero que su familia posee, cree que tiene el derecho de hacer lo que le dé la gana y no la culpo. Lo ha estado haciendo prácticamente desde que nació.
La voz del profesor me sacó de mis cavilaciones.
- ¿McKessie?
- Presente.
Y así hasta que
oigo mi apellido.
- ¿Montez?
- Presente - y
sonrío afablemente al profesor.
El profesor no me
tiene mimada, para nada. No penséis eso. Pero soy buena estudiante y los
profesores me tienen cariño.
El profesor
continúa gritando los apellidos de todos los alumnos de mi clase hasta que
llega al último.
- Bien. Una vez
nombrados a todos los veteranos pasemos al chico nuevo – un murmullo se
despierta en la clase.
¿Chico nuevo?
¿Tenemos un compañero nuevo? Todos miramos alrededor pero solo vemos las mismas
caras de siempre.
- ¿Bieber?
Silencio.
- ¿Bieber?
Silencio de
nuevo.
- ¿Justin Bieber?
Nadie responde.
Vaya… alguien que rompe mi regla de que el primer día de clase todo el mundo es
puntual, y parece que al profesor no le hace ni pizca de gracia.
- Estos muchachos
de hoy en día... El señor Bieber sabía que la clase empezó hace 10 minutos y
aún no ha aparecido, a saber si aparece. No se deberían aceptar a nuevos
alumnos para el último curso ya que – se oyen unos golpes en la puerta – pase.
Todos nos giramos
a ver quien interrumpió al profesor y bueno… la reacción en clase es bastante
general. Los chicos miran a la persona que ha abierto la puerta con cierto
recelo mientras que las chicas suspiran y jadean con una boba sonrisa en sus caras. ¿Y yo? Yo intento averiguar qué es lo que tienen esos ojos miel los
cuales no me dejan apartar la vista.
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