Busca lo que no encuentres

viernes, 4 de octubre de 2013

CAPITULO 26

- ¡Oh Dios Mío! – fueron las primeras palabras de Taylor cuando me abrió la puerta de su casa.

Me cogió de la mano y me tiró hacia dentro. Cerró la puerta y cuando pasamos por delante del salón para ir a su habitación me tapó, pues sus padres estaban justo ahí y no quería ni pensar lo que pasaría si me vieran en ese estado.

Subimos a su cuarto y me senté en su cama mirando el suelo. No estaba pensando en nada, la verdad. Pero me pesaba mucho la cabeza como para levantarla así que Taylor se agachó a mi lado.

- Gabriella, dime ahora mismo que ha hecho ese mal nacido de Bieber y voy a darle una paliza junto a todo el equipo de baloncesto – no pude evitar reírme por su comentario – bien, vamos mejorando la cosa. Ahora en serio Gabriella, ¿qué ha pasado?
- No lo sé – dije mirándole a los ojos. Y esa era la única verdad. Seguía sin comprender nada.
- ¿No ibas a pasar el fin de semana en su casa?
- Sí pero las cosas no salieron… como estaban planeadas – no sabía de qué otra manera explicarlo. Sospechaba que si le contaba a Taylor lo que de verdad había sucedido, iba a ocurrir algo peor.
- ¿Habéis peleado?
- Sí – admití. Porque después de que su casa volara por los aires eso fue lo que sucedió.
- Gabriella, ya sabes cómo es esto de las relaciones. Todo el mundo tiene peleas pero no por eso es el fin del mundo, de tu vida o de vuestra relación – se puso de pie para sentarse a mi lado en la cama – estoy segura que si lo habláis y ambos os dais un poco de margen las cosas volverán a estar bien.
- No lo estarán. Nada volverá a estar bien.
- ¿Tan grave ha sido?
- Tanto que prefiero no contártelo – y me dolía pues le contaba todo a Taylor, y ella a mí.
- Lo entiendo, no te preocupes. Todo el mundo tiene algún que otro secretillo que nadie más sabe. Creí que ya sabías que no hacía falta que me contarás todo lo que te sucede con pelos y señales – dijo Taylor riendo – me preocupo por ti como si fueras la hermana que nunca tuve, por eso me gusta saber lo que ocurre en tu vida. Estar al tanto y ofrecerte mi ayuda si es posible. Pero es normal que haya cosas en las que ni yo puedo husmear ni formar parte. Y parece que todo este asunto sobre Bieber es una de esas cosas.
- ¿Entonces no estás enfadada porque no voy a explicarte nada? – tenía que estar segura. Lo último que quería era perder a Taylor también.
- ¡Por supuesto que no! Te conozco y confío en ti. Eso es suficiente.

Con lágrimas corriendo por mis mejillas la abracé de una manera que podía ahogarla perfectamente. Creo que concentré todas mis fuerzas en ese abrazo.

Apartándome me miró seriamente.

- Eso sí, quiero que me asegures que no te ha hecho daño.
- Si te refieres a alguna herida exterior, pues no. Pero mi corazón no ha salido tan bien parado.
- Te pillaste mucho por ese chico, ¿verdad?
- No lo sé. Lo pienso pero no lo sé. Nunca había sentido nada igual y creo que nunca me he enamorado así que no tengo ni idea de si esto es lo que llaman amor – paré reflexionando unos segundos – o solo es un capricho. Ya sabes, un enamoramiento pasajero.
- Ahora lo que necesitas es tiempo, ¿si? Voy abajo a avisar a mi madre de que te quedas a dormir – asentí. Antes de cerrar la puerta se giró y me miró con una sonrisa – lo bueno de esto es que ahora la mentira que le contamos a tus padres es una verdad – y cerró la puerta mientras me reía. Sí, ahora si mis padres querían asegurarse que estaba durmiendo en casa de Taylor como les dije, no habría peligro alguno.

Permanecí calmada hasta dormirme. Decidí que por hoy ya había tenido suficiente subidón de adrenalina y obligué a mi mente a olvidar todo lo que había ocurrido como mínimo hasta mañana. Y lo conseguí. Dormí como un tronco pero cuando desperté todo volvió y me volví a derrumbar. Las lágrimas se escapaban sin control y antes de que Taylor o incluso su madre me viera en ese estado, salí de la cama del cuarto de invitados y corrí hacia el lavabo. Cerré la puerta con pestillo y apoyé mi espalda en ella mientras dejaba que mi cuerpo se arrastrara hacia el suelo. Con ambas manos tapando mi cara los sollozos seguían. Una vez pude calmarme, más o menos, me levanté y me quité toda la ropa dispuesta a darme una ducha. El plan era hacer desaparecer cualquier rastro de las lágrimas que acababa de derramar y actuar con toda naturalidad delante de los padres de Taylor. Una vez encerrada en mi cuarto ya dejaría que todo me superara otra vez.



Taylor me llevó a casa en contra de su voluntad. Intentó convencerme para que me quedará a comer y a cenar pero yo necesitaba aislarme de todo y de todos. Necesitaba encerrarme en mi habitación durante horas. Pensar, llorar, pensar y llorar de nuevo. Tal vez desahogarme con mi guitarra y llorar otra vez. Sí, esas eran mis intenciones así que no podía claudicar a los ruegos de Taylor. Esta vez no.

Cuando llegué a casa mi madre salió para saludarme. Mi padre estaba en el salón mirando una película y mi hermana supuse que en su habitación. Mis padres me preguntaron como me lo había pasado con Taylor y mostrando una falsa sonrisa les dije un simple <<muy bien>> antes de subir hacia mi cuarto. Una vez la puerta estaba cerrada le puse el pestillo como hice en el baño en casa de Taylor. Me dirigí hacia el balcón y también cerré la puertas a la vez que pasaba las cortinas. Aún recuerdo cuando Justin entró por ahí… no quería que se volviese a repetir. Troy lo hizo cuando estábamos juntos. Justin también. Decidí que me aseguraría de que el siguiente, si es que había, no entraría por el dichoso balcón.

Suspirando abrí la puerta del armario y me puse ropa más cómoda. 

Estaba decidida a llorar pero era como si ya hubiera gastado todas mis lágrimas. No salía nada. Nada de nada. Era muy extraño. 

Estaba pensando en todos los recientes acontecimientos y me sentía mal. Me sentía triste, dolida, confundida y con miedo. Pero aún y así no había lágrimas para derramar. Ahora que estaba en “territorio seguro” las lágrimas no aparecían. ¿Por qué a mí?

Mi móvil no paraba de sonar. No hacía falta que mirase quien era pues ya lo sabía. Justin. 
Desde que me fui no ha parado de llamar y de dejarme incontables mensajes. Tanto de texto como de voz. Los de texto los borré todos sin leerlos pero los de voz… era muy masoquista, lo sé, pero quería volver a escuchar su voz. Quería oírle aunque todo lo que oía eran sus disculpas. Por su tono sabía que lo sentía de verdad, sabía que estaba siendo sincero a la hora de pedirme perdón pero debería haber sido sincero con otras muchas cosas. ¡Demonios! Se lo dije, más de una vez, y no hizo caso. Siguió guardándose las cosas para él y digo yo que en una relación ha de haber confianza, ¿no? Anda que vaya primer novio me busqué. Y así como sabía que sus disculpas eran sinceras, también sabía que él sentía algo verdaderamente fuerte por mí. Él mismo lo reconoció antes de que me fuera y lo dejara abandonado en mitad de la calle: <<Me conquistaste desde que te vi y una vez te conocí… no pude pararlo. Te has metido debajo de mi piel>>. 
Maldito seas Justin Bieber. Has puesto toda mi vida del revés. Yo estaba bien antes de que aparecieras. Estaba dolida y perdida por culpa de lo que Troy me hizo, y sé que te hice daño cuando comparé mi relación con Troy con la que tuve contigo ya que eso era pasado y no venía a cuento utilizarlo en tu contra, pero yo no me enfrentaba a bombas ni a gente que me quería ver muerta. 
Vale, tal vez le querían ver muerto a él pero como Justin dijo si esas misteriosas personas me relacionaban con él yo también pasaría a formar parte de su lista. Eso era algo que él ha estado intentando evitar desde el principio y ahora que sé sobre esa posibilidad soy yo la primera en evitar eso. Lo evitaría incluso si eso significara romperle el corazón a Justin. Incluso si eso significara alejarme de algo que empezaba a sentir muy real. Pero como le dije, por suerte no había empezado a sentir algo más fuerte por él. Porque… no lo había hecho, ¿verdad? El no saber la respuesta me ponía nerviosa y me daba escalofríos. Decidí que debía parar las incesantes llamada de Justin pero tampoco quería hablar con él. Sabía que me rompería en el mismo instante en que empezase a hablar de lo ocurrido y eso no me lo podía permitir. No quería mostrarme vulnerable frente a él. Así que decidí expresar mis sentimientos de la manera más fácil que conocía. 

Cogí mi guitarra y compuse una canción bastante rápido. Puse en funcionamiento la grabadora de sonido de mi móvil y me grabé cantando y tocando la canción que acababa de componer. Una vez hecho se la envié a Justin y como si fuera magia, sus llamadas cesaron. Ahora debía mentalizarme para la siguiente prueba… verlo mañana en clase.


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