Busca lo que no encuentres

lunes, 18 de noviembre de 2013

CAPITULO 41

Corrí hacía la pista pero sin intención clara. ¿Iba a ver a Justin o a Troy? Ni yo misma tenía ni idea de mis intenciones.

Cuando llegué miré a mi alrededor y un sentimiento de decepción se apoderó de mí. Fue entonces cuando supe que en realidad a quien fui a buscar era a Justin, no a Troy. Ya que Troy estaba viniendo hacía mí con una gran sonrisa en su rostro.

- ¿Has visto como hemos ganado a ese id*iota de Bieber? – me dijo feliz mientras me rodeaba con los brazos.
- Eww… creo que necesitas una ducha – dije yo apartándome un poco.
- Sí, lo siento. Oye Gabriella, tenemos que hablar. Una vez me duche y me vista te veo en el parking, ¿si?
- Bien – asentí y volví donde estaban Taylor y Kelsi. Ahora también estaba Martha con ellas y vestida con su traje de animadora.

Estuve hablando con las chicas un rato y luego fui hacia donde había quedado con Troy. Kelsi y Martha ya se tenían que ir a sus casas y Taylor había quedado con Chad en la cancha. Así que yo solita recorrí todo el camino. Cuando llegué me sorprendí al ver el coche de Justin todavía aparcado. ¿Estaba aquí? ¿Dónde? Miré dentro pero estaba vacío. Me giré a los lados pero ni rastro de él. Fue como si después del partido hubiera desaparecido.

- ¿A quien buscas? – la voz de Troy hizo que saltara del susto.
- Me has asustado Troy – le dije mientras me ponía una mano en el pecho - ¿Buscar? Pues a ti. No sabía si ya estabas por aquí – pareció creerlo pues asintió.
- Ven, quiero enseñarte un lugar.

Juntos fuimos caminando hasta su casa. ¿Ese era el lugar? Había estado ahí montones de veces, ¿qué tenía esta vez de especial?

- Troy, estamos en tu casa.
- Sí – dijo riendo.
- ¿Y…?
- Te dije que te iba a enseñar un lugar especial así que ven por aquí.

Me agarró de la mano y me condujo hacía el jardín trasero. Se acercó a el árbol más grande que había. 
Más de una vez me había escondido detrás mientras jugábamos al escondite pero nunca llegué a ver esa escalera.

- Siento no habértelo enseñado nunca. Por lo general cuando veníais tú y Sharpay a jugar a mi casa, mamá siempre recogía la escalera por lo que nunca os fijasteis en mi casa del árbol - ¿Casa del árbol? Miré hacia arriba siguiendo esas escaleras y en efecto, una bonita casita de madera se encontraba en las ramas de ese árbol.
- ¿Cuánto tiempo hace que tienes eso ahí? – quise saber.
- Desde siempre. Papá la construyó para mí – y me ayudó a subir.

Las vistas eran bonitas y se notaba que ese lugar había pertenecido a un niño pequeño. Me imaginé al pequeño Troy jugando aquí. Era fácil de imaginar.

Se sentó en uno de los bordes y yo hice lo mismo.

- ¿Sabes? Solo otra chica más ha subido aquí a parte de ti – le miré mal. ¡No debería decir una cosa sí! ¿Se había vuelto loco? – tranquila ¡Jajaja! La otra chica es mi madre – le miré con incredulidad mientras reía y al final me reí yo también.

Estuvimos otro rato más en silencio hasta que él lo volvió a romper.

- Explícame que te traes con Bieber.
- ¿Bieber? – hacerse la tonta nunca fue un buen truco pero bueno, debía probar toda mi artillería.
- Sí, Bieber. Justin Bieber. Chico con el pelo hacía al lado, rubito, bajito, que va a nuestra clase y que hoy ha jugado un partido contra mí – el sarcasmo estaba por todas partes - ¡Oh! Y que si no me equivoco te llevó a no se donde mientras yo estaba hablando contigo. ¿Me lo vas a contar?
- Ese Bieber… - le seguí su jueguecito – sí, bueno. Como tu bien has dicho va con nosotros a clase. Eso es todo.
- No me lo creo. Nunca se le ha visto intercambiar más de dos frases con nadie pero parece que tú has sido una excepción.
- Mira Troy – le dije ya harta de evadirlo todo – lo que ocurre es que bueno… un día que estaba en el parque de al lado de mi casa me lo encontré. Yo estaba con mi guitarra y él me comentó que también toca la guitarra y estuvimos hablando un rato. Eso es todo – no me gustaba mentirle pero tampoco le podía decir la verdad – no sé si te habrás fijado pero a mí me trata como a los demás – y eso era cierto. Siempre ignorándome aunque ahora hubiera una razón de peso.
- Vale, ahí me has pillado – dijo Troy resignado – en fin, yo  solo… comprende lo que quiero decir, fue muy raro para mí ver como se te llevaba – asentí y volví a mirar al frente.

El silencio volvió a ser palpable y de nuevo fue Troy quien lo rompió después de unos minutos. Se acercó más a mí mientras me agarraba la mano.

- Siento que el último curso está pasando muy rápido – dijo Troy con pesar.
- Sí – asentí – me gustaría parar el tiempo – Troy me miró y yo suspirando apoyé mi cabeza en su hombro – o que pasara más lento – Troy apoyó su cabeza en la mía.


ESCENA



- Vamos.
- ¿A dónde? – pregunté.
- Te voy a enseñar mi casa – dijo entusiasmado – tengo un montón de trastos aquí y pese a que mi madre me está pidiendo cada día que limpie y los tire, yo no puedo hacerlo. Son parte de mí, de mi infancia.
- Lo mismo ocurre con los míos pero nos estamos haciendo mayores. Vamos a empezar la universidad el año que viene – Troy se puso detrás de mí y me rodeó con sus brazos – nada se va a parar ahora. La vida sigue y nosotros debemos seguir adelante con ella y si eso significa tirar todos estos recuerdos de nuestra niñez… tendremos que hacerlo.

Entonces vi que enfrente de mí había un timón de un barco pirata. Jamás se lo había dicho a nadie, ni a mis padres, pero siempre deseé tener una casita en un árbol para jugar con mis muñecas y tal vez hubiera dejado entrar a mi hermana. Así que cuando empecé a ver todas esas cosas ahí me emocioné un pelín.

- ¿Es un timón de pirata? – dije mientras me dirigía hacia el timón deshaciéndome así de los brazos de Troy.
- No… - dijo este alargando la “o”.
- ¡Oh! – fui hacia dentro de la pequeña habitación que tenía esa casita. Había un robot de juguete – Que monada – le dije mientras se lo enseñaba.
- No juego con “Roborob” desde tercero.
- Soy “Roborob”, soy “Roborob” – dije mientras movía los brazos de ese robot de juguete.
- No lo rompas. No lo rompas. No lo rompas – Troy enseguida me lo quitó de las manos. Vaya… parece que a  los chicos no les gusta que alguien más juegue con sus juguetes.

Lo miré un poco mal mientras se giraba para dejar a su “Roborob” en el suelo y entonces al girarme vi una gran capa roja. ¡Madre mía! Dudo mucho que eso sea de cuando era pequeño pues la capa era muy grande. Oh no… ¿Troy seguía jugando a los super héroes? Cuando se la enseñé se quedó completamente blanco.

- Es de Chad – menuda excusa más barata que se buscó.
- Sí, ya… – le dije mientras se la ponía alrededor del cuello – estas... igual que en la guardería.
- ¡Troy! ¡Tienes invitados! ¡No me obligues a subir a buscarte otra vez! – chilló la Sra. Bolton desde abajo. ¡Ups! Pillados – hola Gabriella – dijo con rintintín para hacernos saber que ella sabía perfectamente que yo estaba ahí. No pude evitar sonrojarme y reír nerviosamente. Pero sin duda fue Troy quien me sacó una verdadera carcajada.
- ¡Bajo enseguida! Mamá… - y como si de Drácula se tratara, Troy se tapó la cara con la capa mientras se iba. No pude evitar reírme pero de pronto su voz vino desde atrás y me asustó – es capaz de subir si no bajamos.
- Oh… vale – le dije yendo hacía las escaleras. Troy tenía invitados según su madre y no era plan de hacer que llegara tarde por mi culpa.



ESCENA

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