Busca lo que no encuentres

domingo, 3 de noviembre de 2013

CAPITULO 35

Los ensayos iban de maravilla y más ahora. Como Troy iba a ser mi pareja para el baile, pudimos practicarlo juntos. Era complicado a decir verdad. Había un cambio de vestuario pero había diferentes bailes, situaciones y en diferente escenas. Todo sin pausa. Difícil pero divertido.

La canción era perfecta para un baile de promoción, sobretodo la letra, y la coreografía… todo era increíble. Kelsi y Ryan hacen un buen equipo. La misma Kelsi me explicó que habían tenido que verse en más de una ocasión para poder coincidir de alguna manera las canciones de Kelsi con los pasos de baile de Ryan. Cuando le pregunté si había algo más sucediendo entre ellos Kelsi solo se sonrojó y negó con la cabeza. ¿Por qué las cosas no son evidentes para nosotros mismos? Es decir, todo el mundo sabe que Kelsi está loca por Ryan y Ryan por ella. Y también se sabe que Martha está loca por Jason y Jason por Martha. Entonces… ¿Cómo es posible que ellos mismos no se den cuenta? ¿Por qué no ven que lo que sienten es correspondido? Si pudiera me acercaría a ellos y les abriría los ojos pero… comprendo que eso es una cosa que deben hacer ellos mismos. ¿No? Me gusta ayudar a mis amigas y si empezar una relación con Ryan y Jason hace feliz a Kelsi y Martha pues haría lo que fuera necesario para conseguirlo, pero no puedo. No debo.

- Hola preciosa – dijo Troy acercándose por atrás y susurrándome al oído.
- No me llames preciosa – los motivos eran claros, ¿no? Bueno, al menos para mí. Cuando oí esas palabras todo de recuerdos con Justin ocuparon mi mente.
- ¿Por qué no? Al fin y al cabo lo eres. Eres preciosa.
- ¿Qué ha ocurrido con la palabra “guapa”? ¿O la palabra “bonita”? ¿”Linda”? – me excusé – todas esas palabras son sinónimos y significan lo mismo. ¿Tanto te cuesta usar otra palabra?
- ¿Qué ocurre Gabriella? ¿Has suspendido algún examen? ¿Un ejercicio? Sería realmente raro porque eres un cerebrito pero supongo que para todo hay una primera vez así que
- ¡No! No he suspendido nada. Simplemente… no me gusta la palabra, ¿vale? Siento ser tan quisquillosa pero… no sé…
- Tranquila, incluiré la palabra “preciosa” a la lista negra. Déjame volver a empezar – le miré confundida. Él se alejó sin decir nada. ¿Hola? ¿Dónde ha ido? Volví a girarme para volver a notar su aliento en mi nuca – hola nena – me giré riendo - ¿mejor?
- Sí, mucho mejor.

Juntos fuimos al aparcamiento. Desde que lo nuestro se hizo oficial, siempre llegaba y me iba en el coche de Troy. Con Troy obviamente.

Le invité a entrar una vez llegamos pero me dijo que había quedado con los chicos en su casa para entrenar. Así que después de despedirnos entré en mi casa completamente sola, pero la casa no estaba vacía. Stella estaba en el salón… Sharpay y una chica rubia que parecía su clon estaban con ella. Me quedé parada allí en medio, no me esperaba para nada entrar en mi casa y encontrarme esta estampa.

- ¿Qué hacen ellas aquí? – pregunté dirigiéndome a mi hermana.
- Son mis amigas, las he invitado.
- Ya… - entonces Sharpay miró a Stella y esta cogió a la clon de Sharpay del brazo y se largaron dejándonos a Sharpay y a mí solas en el salón - ¿Dónde se han ido?
- No lo sé, ellas sabrán. No soy niñera de nadie – dijo Sharpay mirándose las uñas.
- Sí, tú serías incapaz de cuidar incluso a una mascota.
- ¿Te recuerdo a mi perrita? – me replicó levantando la cabeza para mirarme – yo soy quien la cuida.
- ¿Tú te ocupas de todo? ¿Incluso de sacarla a pasear y recoger sus… excrementos? – viendo la cara de asco que puso supe que había ganado esa batalla.
- No vine a hablar de mi perro y sus excrementos.
- Cierto, viniste a estar un rato con mi hermana, ¿no?
- No. Vine a hablar contigo – yo ya me iba a mi habitación pero tuve que pararme y girarme. ¿Qué querría ahora? – quiero felicitarte – Dios, ¿será que puede leer mi pensamiento? – al final conseguiste a Troy. Enhorabuena. El pobre tonto siempre ha estado enamorado de mí. Ya sabía que todas las veces que estuvo conmigo tú eras la que estaba en su cabeza – saber eso me reconfortó pese a que fue Sharpay quien me “informó” – pero no pienses que has ganado la guerra.
- ¿Quién ha iniciado una guerra? – pregunté – en serio Sharpay. Creo que deberíamos dejar el pasado en su lugar. Olvídate de ello.
- ¿Tú lo has olvidado? – vale, ahí me pilló.
- Perdono pero no olvido. Simplemente me parece una pérdida de tiempo que continuemos con esta “guerra” como tu la llamas.
- Así que me has perdonado… siempre has sido muy blandita. Una mosquita muerta, aunque cuando ibas con Troy y conmigo te crecías de alguna manera. Todo el mundo lo decía - ¿hablaba en serio? Porque no sabía nada de eso. ¿La gente lo pensaba? ¿Soy una mosquita muerta? – en fin, creo que voy a buscar a Tiara y a largarme de esta casa.
- ¿Tiara?
- La chica rubia con quien he venido. Es mi asistenta personal – dijo con rintintín.
- ¿Asistenta personal? ¿Para qué demonios necesitas tú una asistenta personal?
- A diferencia de ti, yo tengo muchas cosas que hacer Gabriella. Ella va a la clase de tu hermana y se ofreció a trabajar para mí, a ayudarme si necesito su ayuda – y continúo hablando mientras se dirigía a la puerta – es muy leal, no para de demostrármelo cada día. Quien sabe, tal vez es mi nueva Gabriella.
- Yo nunca fui tu asistente personal.
- ¿No? ¿Estas segura? – eso me dejó pensando pero esos pensamientos se cortaron cuando oí el chillido de Sharpay - ¡TIARA! – inmediatamente la chica rubia apareció junto a mi hermana. Se despidió de ella, me dijo un bajo <<adiós>> y luego abrió la puerta para Sharpay quien antes de marcharse me miró y se despidió con su típico - ¡chaíto!

Dejando salir un suspiro fui a mi habitación. Mi hermana ya se había escondido en la suya. Estaba claro que Sharpay la usó para hablar conmigo. Bueno, eso de hablar… más bien para… en realidad no sé que es exactamente lo que ha pasado hace unos minutos en el salón. Me pregunto si mi hermana sabía sobre las intenciones de su querida Sharpay…


Y luego caí en la cuenta del significado de las palabras de Sharpay: <<tal vez es mi nueva Gabriella>>. Ahora me di cuenta de que de alguna manera yo era como su asistenta personal. Si quería un café yo iba a buscarlo, si alguien le daba algo yo siempre se lo guardaba. Cuando íbamos de compras yo acababa siendo la que llevaba las bolsas. Sharpay tiene razón… siempre fui una mosquita muerta, una blanda. Ella me manejó a su antojo y yo ni me enteré. 

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