- Vamos Gabriella,
no podemos quedarnos en el coche todo el día.
- No puedo Justin, no
puedo – nos encontrábamos en su coche, parados a 2 manzanas del instituto.
- Solo debemos ir
hasta allí, aparcar el coche, salimos y vamos a nuestra clase. No es algo
que jamás hayas hecho.
- Sí, sí que es
algo que nunca he hecho. Nunca he llegado a clase contigo. ¡Todo el mundo nos
verá!
- ¿Y? – dijo
tranquilamente.
- No me gusta que
cuchicheen sobre mí. No me gusta ser la comidilla del instituto – me giré para
mirarle – no quiero pasar por eso Justin. Yo no… no quiero.
- Gabriella
escúchame bien – nos mirábamos intensamente a los ojos – tienes razón.
Seguramente en cuanto aparezcamos juntos la gente empezará a hablar y a
montarse sus historias pero no estás sola. Yo estaré a tu lado en todo momento.
A demás tienes unas amigas que también estarán contigo cuando yo no pueda – me
cogió las manos y me besó ambas palmas – olvídate de la gente. Ignora lo que
puedas llegar a oír. Te quiero y me tendrás aquí cuando me necesites – lo
abracé impulsivamente y enterré mi cara en su cuello. Extrañamente eso me
calmaba - ¿Qué crees que
dirán tus amigas?
- Ni idea, pero
seguramente Taylor estará sin hablarme durante un par de horas.
- Hablando de
Taylor… me quedé muy sorprendido cuando se me acercó para decirme que me
estarías esperando en tu habitación con la puerta del balcón abierta – se separó
para mirarme y yo bajé la cabeza. ¡Ups! Olvidé mencionarle algo… - ¿por qué
vino ella a decírmelo si nunca hemos hablado?
- Bueno… Taylor es
mi mejor amiga y… le conté todo lo que pasó entre nosotros.
- ¿Todo… todo?
- ¡No! No,
obviamente lo de… lo que paso con la… cuando lo dejamos solo le dije eso, que
lo habíamos dejado pero en ningún momento le conté lo que pasó en tu casa.
Supuse que eso solo empeoraría las cosas – Justin dejó escapar el aire que
estaba reteniendo y entonces supe que había hecho bien al no contarle nada a
Taylor.
- Gracias,
realmente me hubieras puesto en un aprieto. Bueno, más bien la habrías puesto a ella en un
aprieto. No puedes contarle nada de lo que te he dicho a nadie. ¿Entendido? –
asentí.Por favor, no soy tan tonta. No voy a ir por ahí explicando lo que mi
novio ha hecho y hace para ganarse la vida - ¿Ya estás preparada?
- No pero no puedo
saltarme las clases así que sea lo que Dios quiera.
- Esa es mi chica –
me besó y luego arrancó el coche para dirigirnos al aparcamiento del instituto.
Llegamos y nos
quedamos un par de minutos más dentro del coche. Llegó el momento. En nada
saldría de ahí y me tocaría enfrentarme a todos los cotilleos sobre mí y Justin
aunque no me sentía tan nerviosa como al principio. Justin tiene razón, él
estará a mi lado. No hay nada que temer.
- ¿Vamos? – asentí y
abrimos nuestras puertas a la vez.
Miré a mi
alrededor y por suerte no había mucha
gente en el aparcamiento. Justin se acercó a mi después de cerrar el coche y me
cogió la mano. Me miró y yo entendí la pregunta implícita que se encontraba en
sus ojos. Asentí y empezamos a avanzar hacia la entrada del East High.
Cada vez veía a
más gente y cada vez habían más caras de sorpresa y confusión. Quería salir
corriendo y esconderme en un agujero, literalmente. Apreté la mano de Justin y
el me la apretó de vuelta recordándome que estaba a mi lado. Me volví a calmar
y fuimos hasta mi taquilla.
- ¿No vamos a la
tuya?
- No, no hace
falta. Hora de ir a clase.
Cuando entramos
pude ver que casi todo el mundo ya estaba ahí dentro. Miré alrededor ignorando
todas las miradas que se clavaban en nosotros y pude comprobar que no había dos
sitios libres que estuvieran uno al lado de otro. Pero de pronto Justin empezó
a caminar hasta el fondo de la clase y echó a un chico de uno de los pupitres.
Mi boca se abrió pues el chico salió corriendo con el simple gesto que Justin
hizo con su cabeza. ¿Cómo se debe sentir ese tipo de poder? Ni siquiera abrió
la boca y el chico le obedeció. Increíble.
- ¿Cuál de los dos
prefieres? ¿El de la derecha o el de la izquierda?
- ¿Alguno de estos
pupitres hará que no me aburra durante la clase? – él negó con la cabeza – pues
entonces me da absolutamente igual.
Sonriendo me
empujó levemente hacia uno de los pupitres y él se sentó en el de al lado.
Levanté la cabeza y supe que había cometido un error. Ya hacía un rato que estábamos
en la clase pero las miradas seguían clavadas en los dos.
Sharpay tenía una
cara de asco, Kelsi, Martha, Chad y los chicos del equipo tenían cara de
sorpresa y Troy y Taylor se notaba que estaban enfadados. Genial… simplemente genial.
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