- Hija ya sabes que
el médico te recomendó reposo.
- Pero no puedo quedarme
todo el día en esta maldita camilla – repuse – además, hoy es fin de año. ¿No
puedo ir a casa por unas horas?
- No cariño, no
puedes. Nada me gustaría más que poder llevarte con nosotros pero
lamentablemente los médicos no dejan que salgas todavía del hospital. Es por tu
bien – dejé ir un suspiro y mi madre se acercó más para acariciarme el cabello
– todo irá bien cariño. Tendrás que pasar el fin de año aquí pero eso
significará que luego podrás estar en casa con nosotros.
- ¿Os quedareis a
pasar la noche conmigo? – mi madre hizo una mueca. En ese momento supe que no
iba a ser así.
- Lo siento cielo,
sabes que iba a venir toda la familia. No podemos dejarlos colgados para fin de
año.
- Pero me dejáis
colgada a mí… ¿Cómo mínimo os quedareis hasta un poco antes de media noche? –
mi madre negó y yo me hundí aún más en esa maldita cama de la cual no me podía
mover.
- Lo siento cariño.
Yo tengo que preparar todo para la familia y necesito la ayuda de tu hermana. Y
tu padre tiene que trabajar hoy hasta las 11 de la noche. Si pudiéramos nos
quedaríamos contigo, de verdad – quería estar enfadada con ella pero no podía.
Sabía que lo decía en serio. Si tuvieran otra opción se quedarían conmigo en el
hospital para pasar el fin de año pero tampoco quiero aguarles un día como este
– pero tú tranquila que no estarás sola. Alguien nos pidió si podía quedarse
contigo.
- ¿Qué? ¿Quién? –
quise saber.
- Alguien. Tú ahora
descansa, ¿vale? Estaré por aquí hasta las 7 de la tarde – asentí y me acomodé.
La verdad es que los párpados me estaban empezando a pesar…
Me desperté y
giré mi cabeza para poder mirar el pequeño despertador que me trajo mi madre.
¡Maldita sea! ¡Dormí 6 horas! Hace 3 horas que mi madre se fue a casa… genial.
Voy a pasar el fin de año sola y encima no he podido ni ver a mi madre antes de
que se marchara. ¿Por qué no me habrá despertado? ¿Y qué haré mientras suenan
las campanadas anunciando el comienzo de un nuevo año? Un nuevo año que empiezo
sola… pues espero que eso no sea un augurio de cómo será ese año.
Eh… un momento.
Mamá dijo que alguien me haría compañía durante fin de año. Analicé toda la
habitación. Estaba completamente sola. A no ser que…
- ¿Hola? ¿Hay
alguien en el lavabo? – Silencio - ¿hola? – más silencio.
Bien, sí.
Definitivamente estoy sola en la habitación. Entonces llamaron a la puerta. Me
volví a incorporar mientras decía un fuerte <<adelante>>. ¿Sería
esa la persona que pasaría conmigo el fin de año? Entonces entró mi médico el
cual creo que… no, creo que él no es.
- Srta. Montez,
vengo a trasladarla a otro lugar – dijo él mientras se acercaba a mi gotero.
- ¿Otro lugar?
- Sí, por favor
coja ese cable para que no lo pisemos con las ruedas de la cama mientras te
trasladamos - ¿A dónde vamos? ¿Es esto una broma? ¿Es que en fin de año se hace
una fiesta con todos los enfermos del hospital? ¿Me llevarán a una habitación
llena de camas con gente en camisones?
Fui mirando ambos
lados de los pasillos mientras mi médico con la ayuda de una enfermera
arrastraban mi cama hacía otro lugar. ¿Dónde? Ni idea. Mi amable doctor no
quiso decírmelo pero era un lugar alto. Cuando entramos en el ascensor apretó
el numerito de la planta 8. La más alta.
- Bien Srta.
Montez. Debe ponerse esto – me acercó un antifaz.
- ¿Un antifaz?
¿Para qué?
- Menos preguntas y
más colaboración. Usted póngaselo – encogiéndome de hombros me lo puse con la
ayuda de la enfermera. Esto se estaba poniendo cada vez más raro.
Oí como la
puertas del ascensor se abrieron y la cama se movió para luego pararse. Pese a
que al carecer de mi sentido de la vista se me aumentó la sensibilidad de mi
sentido auditivo, no tenía ni idea de qué hizo que se pararan.
De pronto, sin
previo aviso, la cama se volvió a mover pero esta vez iba más lenta. Como si la
llevara solo una persona en lugar de dos. Intenté agudizar más mi oído y
efectivamente solo podía sentir una respiración cerca de mí. ¿Quién sería? ¿Mi
médico o la enfermera?
La cama volvió a
pararse y alguien abrió una puerta. Entonces
supongo que ese mismo alguien la volvió a empujar y cerró la puerta sin
siquiera soltarla. ¿Cómo demonios hizo eso?
Entonces la cama
volvió a pararse. ¿Era esto un juego? ¿El juego de parar y arrancar mi cama de
hospital?
- Ya puedes sacarte
ese antifaz preciosa – oí a una voz muy dulce susurrándome al oído.
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