Ultimo día de
clase antes de Navidad. Después de romper con Troy odié esta época del año con
todas mis fuerzas. El hecho de no tener a alguien que te abrace cuando hace
frío es deprimente. Pero ahora se están convirtiendo en mi favorita.
Justin y yo nos encontrábamos
en el patio del East High. Ya habíamos comido nuestros almuerzos y estábamos tumbados
en el césped. Mi cabeza estaba apoyada en su pecho y él me rodeaba con sus
piernas y brazos. Podía notar como su pecho subía y bajaba al respirar. Me besó
el cabello y yo sonreí. Nada podría estropear este momento, absolutamente nada.
O eso pensé.
- Me ausentaré por
unos días – comentó Justin de la nada.
- ¿Unos días? ¿Por
qué?
- Sabes que sigo
buscando a los tipos que me la tienen jurada y ahora necesito encontrarles con
mucha más prisa que antes – noté como sus brazos me apretaban más contra él.
- No entiendo por
qué.
- Porque estás tú.
Cuando yo era el único en peligro pues no tenía mucha prisa en encontrarlos,
pero ahora ellos pueden ir a por ti y Dios sabe que jamás permitiría que te
pusieran un dedo encima –dijo Justin con total seriedad – debo encontrarlos
antes de que ellos te encuentren a ti, pero no te preocupes. Twizzy se quedará
aquí vigilándote y protegiéndote. Te prometo que si pasa algo estaré a tu lado
antes de que puedas contar a diez.
Me estremecí. A
veces me sorprendía el hecho de con qué facilidad olvidaba los problemas de
Justin. Cuando estaba con él nada más existía. Mi familia, amigos, las clases,
los tipos que intentan matarle y que muy posiblemente me intentaran matar a mí…
todo eso deja de tener importancia cuando él está a mi lado. Pero también me di
cuenta de que si se va lejos podré pensar en todos estos temores y me asusta. ¿Qué
si me pasa algo mientras no está? ¿Qué si a él le ocurre algo mientras está
lejos de mí?
- No te vayas por
favor. No lo hagas Justin – le supliqué.
- Preciosa, ojala
pudiera quedarme pero debo hacerlo, por ti. Por mí. Por nosotros. Solo serán un
par de días, tres como mucho. Estoy siguiendo un rastro muy bueno y me obliga
ir a otra ciudad. Pero estoy seguro que 48 horas serán suficientes. Estaré aquí
antes de que puedas empezar a echarme de menos - ¿Es qué a caso estaba loco?
- Prueba otra vez
Sherlock. Ya te estoy echando de menos con la simple idea de que no te voy a
ver en 2 días – y lo decía en serio. Desde que empezamos a salir juntos lo
máximo que hemos estado separados han sido 24 horas. 1 día entero. Eso era
difícil pero lo podía soportar. ¿2 días? Ni por asomo - ¿Y no podrías irte
después de las vacaciones?
- No Gabriella, he
de ir ahora. No te preocupes por nada. Twizzy es un buen amigo, daría la vida
por ti.
- Oh vamos, él
mismo me dijo que si te pasara algo por mi culpa me odiaría durante toda su
vida.
- ¿De verdad dijo
eso? – preguntó Justin. Su tono era claramente de sorpresa.
- Bueno… no
exactamente eso. Me dijo que le caía bien pero que obviamente tú le caías
mejor. Y que si te pasaba algo por mi culpa pues que se iba a cabrear.
- Creo que tendré
que hablar con Twizzy en cuanto te deje en tu casa – comentó Justin. ¡Ups! La verdad
es que cuando se lo dije no quería poner a Twizzy en un aprieto.
- No le digas nada,
por favor. Le entiendo. Hace años que os conocéis mientras que solo hace meses
que me conozca. No espero el mismo aprecio que te tiene a ti todavía.
- Por mucho que te haya
dicho eso créeme. Él arriesgaría su vida por ti.
- Pero en realidad
lo estaría haciendo por ti, ¿verdad? – dije.
- Sí, seguramente.
Pero con eso me basta porque puedo confiar en que te tendrá a salvo – asentí justo
cuando el timbre sonaba. Vuelta a clase.
Estaba delante de
la puerta de mi casa besándome apasionadamente con Justin. Por fin las clases
se habían acabado y la Navidad empezaba oficialmente. Lástima que la marcha de
Justin impida que esto sea perfecto.
- Te veré pronto,
¿verdad?
- 2 días, 3 como
mucho. No creas que eres la única que puede vivir sin su media mitad – sonreí y
volví a besarlo.
- ¿Vendrás esta
noche a mi habitación antes de irte? – él negó y no pude evitar bajar mi cabeza
en señal de clara decepción.
- No hay nada que
me gustaría más que poder despedirme de ti como Dios manda, pero si quiero
obtener algún resultado debo irme ya – asentí transmitiéndole que lo
comprendía. No me gusta la idea, pero lo comprendo – pórtate bien en mi
ausencia.
- Mira quién habla,
él que se va a perseguir a unos tipos que pretenden matarle. Eso creo que son
síntomas de locura.
- No, son síntomas
de amor. Si notas algo raro, sea lo que sea, házmelo saber. De todos modos
siempre tendrás a Twizzy a tu alrededor, incluso si no quieres pasar el rato
con él.
- ¿A qué te
refieres? ¿Me va a estar siguiendo? – preguntó medio en serio, medio en broma.
- Sí – no pude
evitar que mi boca se abriera – no pongas esa cara Gabriella, es lo que yo hago
siempre.
- ¿Me vigilas?
- Te protejo.
Twizzy y yo siempre nos vamos turnando y pese a qué al no estar yo él tendrá
doble faena, le he dicho que por las noches en tu casa puede tomarse un respiro
– miré a mi alrededor. ¿Estaría ya Twizzy espiándome desde algún lugar?
- ¿Qué buscas?
- A Twizzy. ¿Ya está
espiándome? – Justin rió y negó con su cabeza.
- No, le dije que
le llamaría para que viniera una vez yo me haya ido de Alburquerque. Y repito
que ni él ni yo te espiamos. Te protegemos que es algo totalmente diferente.
¿Serás buena con Twizzy?
- Seré la mejor –
dice sonriendo.
- No, eso guárdatelo para mí – reí y él se unió a mí. Me agarró la cara con ambas manos y
aplastó nuestros labios.
- Te veré en nada y
menos.
- Y yo estaré aquí
ansiosa esperando tu llegada.
Después de
volvernos a besar él se fue y me quedé observándole hasta que giró la esquina.
Dejé ir un suspiro. Estos dos días sin él serán una auténtica tortura.
Estaba abriendo
la puerta cuando oí una voz de mujer intentando llamar mi atención.
- Disculpa,
¿conoces a Jason? – me giré y la miré de arriba abajo. Era una chica bonita.
Era más alta que yo, tal vez unos 10 centímetros más. Vestía con ropa informal,
nada elegante. Tenía un cabello largo y las puntas onduladas. Eran de un color
chocolate oscuro. Sus ojos eran marrones y no paraba de sonreír, aunque esa
sonrisa me dio escalofríos. No porque fuera horrenda o porque fuera una sonrisa
falsa. Se veía que era una sonrisa honesta, divertida y eso es lo que hacía que
mis tripas se removieran – perdona por haber salido así de la nada pero es que
te vi con un chico que se llama Jason y no sabía que conocía a gente de aquí.
- ¿Jason? Lo
siento, no conozco ningún Jason – le dije confundida.
- ¿No? Vaya,
juraría que el chico con el que estabas besando era él – yo negué con la
cabeza.
- No, él es mi
novio y se llama Justin.
- Oh bueno, perdón.
Mi error. Te aseguro que son clavaditos, a ver si no van a ser hermanos gemelos
que los separaron al nacer - ¿De qué está hablando esta chica? – bueno, nos
vemos pronto.
Y sin más se dio
la vuelta y desapareció por la misma esquina que Justin. Qué cosa más rara…
jamás la había visto por el barrio antes. ¿Quién será? ¿Y qué narices decía de
gemelos? Me reí sola mientras entraba en casa. En cuanto Justin vuelva le
explicaré lo de esta loca que lo ha confundido con un tal Jason ¡Jajaja! Quiero
ver la cara que se le queda cuando le explique lo que ha sucedido. Seguro que se
reirá tanto como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario