Tal y como dijo
me llamó unas 2 horas más tarde. Dijimos de vernos en el parque de siempre y no
pude resistirme a preguntarle si había vuelto a traer a Twizzy. Riendo me
confirmó que no ya que, y cito textualmente: <<no me gustaría que
estuviera viéndonos mientras te demuestro como me has llegado a importar en tan
poco tiempo>>. ¿Me derretí después de esas palabras? Sí, lo hice. Eso fue
tan malditamente dulce que me puso más nerviosa.
Mi hermana entró
en mi habitación sin llamar y me pilló mirándome en el espejo con diferentes
vestidos.
- ¿Tienes una cita?
– preguntó con sorpresa y eso me molestó.
- ¿Qué pasa? ¿Está
prohibido que tenga citas?
- No, no es eso.
Desde Troy que no te he vuelto a ver con ningún chico. Simplemente no me lo
esperaba – y ahí descubrí mi error. Me tenía que haber callado la boca. No quería que nadie a parte de Taylor
supiera sobre esto.
- ¿Y quien ha dicho
que tengo una cita? ¿No puedo arreglarme para ver mis amigas? – deseaba con
todas mis fuerzas que eso colara, pero es mi hermana pequeña y le gusta
molestar cuando tiene la oportunidad.
- Nunca te has
pasado tanto rato delante del espejo para saber que ponerte cuando has salido
con tus amigas. Puede ser que así sea pero entonces debe ir más gente, y entre
esa gente debe estar el chico por el cual intentas presumir de lindo vestido.
- Mira, lárgate a
tu habitación o ayúdame a escoger un vestido que me sienta realmente bien.
Ahora mismo no necesito oír tus hipótesis de por qué me estoy vistiendo.
- No te estás
vistiendo, estas eligiendo que vestir. Es diferente – la miré mal – está bien,
está bien. Si quieres mi opinión ese vestido blanco te queda hermoso con tu
tono de piel y tu cabello.
- Tú tienes el
mismo tono de piel y cabello que yo.
- Lo sé, pero un
vestido tan espectacular como ese no me sentaría bien.
Sacudiendo la
cabeza y riendo por lo bajo decidí hacerle caso a mi hermana. Yo estaba hecha
un lío ya que no sabía cual escoger, así que confié en su gusto. Una vez lista
fui hacia el parque. En cuanto llegué vi a Justin sentado en un banco. En
realidad vi su nuca y sus hombros. ¡Oh! Y no nos olvidemos de su pelo. Ese pelo
el cual te dan ganas de pasar tus manos. Rubio, liso y con flequillo hacia un
lado. De tanto observarle siempre que tenía oportunidad, pude comprobar que
cuando el flequillo se le ponía en los ojos hacía un movimiento de lado con su
cabeza para apartarlo. Era muy sexy. En
mi menté lo bauticé como “hairflip”. Sí, estoy loca. No es nuevo.
Cogiendo aire me
dirigí hacia allí y cuando estuve a punto de tocarle el hombro él se giró. Lo
primero que vi fueron sus ojos miel mirándome. Luego bajé la vista y vi una
sonrisa en sus labios. Seguí bajando hasta que vi una rosa en sus manos. ¿Una
rosa? Él extendió su mano con esa hermosa flor. Boquiabierta la cogí y le miré.
- ¿Para mí? – el
asintió. No pude evitar sonreír – gracias, es preciosa.
- No tanto como tú.
Ven – dijo cogiéndome de la mano. ¿Dónde íbamos?
- ¿Dónde…? – no
pude terminar ya que me cortó.
- ¿Dónde vamos? Ya
veras.
Sacudí la cabeza
pero dejé arrastrarme por él. Llegamos a un coche plateado. Los cristales
estaban tintados, era de dos plazas y cuando tocaba el sol brillaba demasiado.
Me abrió la puerta pero yo me quedé mirándolo. Este coche lo había visto antes…
Entonces mi menté hizo conexión con recuerdos antiguos.
- ¡Casi me matas! –
chillé sin previo aviso. Justin se veía confundido.
- ¿Qué?
- Tú… este coche…
hace unas semanas un coche igualito a este casi me atropella. ¿Eras tú? – vi
como se sonrojaba y tuve mi respuesta sin que abriera la boca.
- Lo siento. Dejé
de mirar la carretera por un momento para cambiar la estación de radio y cuando
volví a levantar la vista estabas cruzando el paso de cebra y no estaba seguro
de si podría esquivarte. Te aseguro que nunca había estado tan asustado como
durante esos segundos en los que pensé que te iba a atropellar – cerró los ojos
como recordando lo ocurrido – recé a Dios para poder esquivarte y lo hice. Lo
conseguí. Quería aparcar el coche y correr hacia donde te encontrabas para
comprobar que estabas bien pero no me atreví. Lo siento.
- No pasa nada,
tranquilo. Nadie salió herido, todo está bien – y sí, realmente no estaba
molesta con él ni nada – y ahora… me muero de ganas de descubrir a donde vamos.
Conseguí que la
preocupación se alejara de su rostro y pude ver de nuevo su sonrisa.
Contagiándome sonreí también y entre en el coche. Justin cerró la puerta una
vez estaba dentro y rodeó la parte delantera para subir en el asiento del conductor.
El trayecto duró
unos 15 minutos. Íbamos en silencio, con el suave sonido de la radio. Pero no
fue incómodo en absoluto. Como mínimo yo estaba muy a gusto con esa situación.
Cuando aparcó salí del coche pero antes de que pusiera un pie en el suelo tenía
la mano de Justin extendida delante de mí. Levante mi vista y él me estaba
mirando atentamente con una sonrisa. Le sonreí de vuelta y agarre su mano. Él
entrelazó nuestros dedos y con su mano libre cerró la puerta y el coche. Sin
soltarme caminamos por un camino el cuál no estaba asfaltado. Todo era tierra y
piedrecitas pero no me importó. En todo lo que podía pensar era en el calor que
la mano de Justin transmitía por todo mi cuerpo.
De pronto noté que parábamos y
le miré. Él no me estaba mirando, tenía su vista fija en el frente así que me
giré para observar lo que fuera que él estaba viendo y me quedé sin respiración
durante unos segundos.
Delante de
nuestros ojos teníamos un enorme prado lleno de flores de diferentes colores.
Se veía tan colorido y hermoso. El cielo estaba completamente azul, sin ninguna
nube. Y diferentes árboles rodeaban el lugar. Parecía que este prado era medio
inexplorado. Estaba convencida que no mucha gente sabría sobre ello.
- Es precioso –
dije sin siquiera pensarlo.
- Lo es. Pero ahora
lo es aún más – me giré y él me miraba con esa sexy y linda sonrisa – este es
mi escondite. Bueno, no es mío pero si necesito pensar en algo me gusta acudir
aquí. Me relaja y me hace sentir mejor.
- Gracias – se giró
y me miró.
- ¿Gracias por?
Por esto. Gracia
por traerme aquí y gracias por dejarme saber sobre este lugar. Es precioso. No
sabía que en Alburquerque había lugares como este.
- Bien. Ahora lo
sabes – asentí sin apartar la mirada de sus ojos. Él también miraba los míos
como si quisiera mirar dentro de ellos. Poco a poco se fue acercando hasta que
nuestros labios se tocaron en un suave beso. Después de eso se apartó un poco y
yo me encontré deseando que continuara – lo siento si no debería pero no he
podido…
No le dejé
terminar. Le besé de vuelta pero no había nada de suave ni inocente en mi beso.
Sabía que al principio se sorprendió pero enseguida se me unió rodeándome la
cintura con ambos brazos y dejando sus manos reposar en la parte baja de mi
espalda. Mis brazos se encontraban alrededor de su cuello y no tenía ninguna
intención de despegar mis labios de los suyos. Eso se sentía tan bien. Se
sentía correcto, como si estuviese destinado a pasar. Como si tuviese que
pasar. Obviamente no podíamos quedarnos así lo que quedaba de día así que sin
saber como logré separarme pero mantuve mis ojos cerrados. Cuando mis
pulsaciones se calmaron abrí los ojos y le miré. Él tenía los ojos cerrados y
sonreía. Entonces los abrió de golpe y me sorprendí cuando los vi. Se habían
oscurecido un poco pero parecían reflejar adoración y felicidad. ¿Eso por el
beso? Guau…
- Creo que es hora
de que te lleve a casa – espera, ¿qué?
- ¿A casa?
- Sí – dijo
mientras asentía. La confusión era clara en mi rostro – Gabriella, hace más de
1 hora que nos fuimos del parque. Dijiste que tenías que estar en casa en 2
horas.
¡¿Qué?! ¡¿Más de
1 hora?! Saqué mi móvil para comprobarlo y Justin tenía razón. ¿Dónde narices
se había ido todo el tiempo? Esto se sintió como si solo hiciera unos 30
minutos. Me di la vuelta y empecé a correr hacia el coche. Sentí como Justin
corría detrás de mí mientras reía así que me paré para saber que era tan
gracioso.
- Me gustaría saber
el chiste.
- No es ningún
chiste. Eres tú y tú manera tan linda de ser – vale, cuando me paré estaba un
poquito molesta por su risa. Ahora había olvidado eso por completo – la
expresión en tu cara cuando miraste la hora en tu teléfono fue algo digno de
fotografiar. Y el que te largaras corriendo por el lugar equivocado acabó de
rematarlo. El coche no está por ahí, está por el otro lado - avergonzada bajé la cabeza y fui por donde
había venido para ir por el camino correcto. Volví a oír la risa de Justin
detrás de mí. Antes de que pudiera girarme de nuevo sentí como la mano de
Justin encontraba la mía y las volvía a enlazar. Esto… esto había sido
perfecto.
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