Busca lo que no encuentres

martes, 17 de septiembre de 2013

CAPITULO 17

Siento no haber subido capítulo ayer pero en todo el día no tuvimos ni Internet ni teléfono. Por ese motivo tampoco os pude avisar por Twitter. Por suerte cuando hoy me he despertado todo había vuelto a la normalidad. He de admitir que estaba un poco asustada de que la compañía no arreglara la avería ¡Jajaja! En fin, aquí tenéis el Capítulo 17 :)




Tal y como dijo me llamó unas 2 horas más tarde. Dijimos de vernos en el parque de siempre y no pude resistirme a preguntarle si había vuelto a traer a Twizzy. Riendo me confirmó que no ya que, y cito textualmente: <<no me gustaría que estuviera viéndonos mientras te demuestro como me has llegado a importar en tan poco tiempo>>. ¿Me derretí después de esas palabras? Sí, lo hice. Eso fue tan malditamente dulce que me puso más nerviosa.

Mi hermana entró en mi habitación sin llamar y me pilló mirándome en el espejo con diferentes vestidos.

- ¿Tienes una cita? – preguntó con sorpresa y eso me molestó.
- ¿Qué pasa? ¿Está prohibido que tenga citas?
- No, no es eso. Desde Troy que no te he vuelto a ver con ningún chico. Simplemente no me lo esperaba – y ahí descubrí mi error. Me tenía que haber callado la boca. No quería que nadie a parte de Taylor supiera sobre esto.
- ¿Y quien ha dicho que tengo una cita? ¿No puedo arreglarme para ver mis amigas? – deseaba con todas mis fuerzas que eso colara, pero es mi hermana pequeña y le gusta molestar cuando tiene la oportunidad.
- Nunca te has pasado tanto rato delante del espejo para saber que ponerte cuando has salido con tus amigas. Puede ser que así sea pero entonces debe ir más gente, y entre esa gente debe estar el chico por el cual intentas presumir de lindo vestido.
- Mira, lárgate a tu habitación o ayúdame a escoger un vestido que me sienta realmente bien. Ahora mismo no necesito oír tus hipótesis de por qué me estoy vistiendo.
- No te estás vistiendo, estas eligiendo que vestir. Es diferente – la miré mal – está bien, está bien. Si quieres mi opinión ese vestido blanco te queda hermoso con tu tono de piel y tu cabello.
- Tú tienes el mismo tono de piel y cabello que yo.
- Lo sé, pero un vestido tan espectacular como ese no me sentaría bien.

Sacudiendo la cabeza y riendo por lo bajo decidí hacerle caso a mi hermana. Yo estaba hecha un lío ya que no sabía cual escoger, así que confié en su gusto. Una vez lista fui hacia el parque. En cuanto llegué vi a Justin sentado en un banco. En realidad vi su nuca y sus hombros. ¡Oh! Y no nos olvidemos de su pelo. Ese pelo el cual te dan ganas de pasar tus manos. Rubio, liso y con flequillo hacia un lado. De tanto observarle siempre que tenía oportunidad, pude comprobar que cuando el flequillo se le ponía en los ojos hacía un movimiento de lado con su cabeza para apartarlo.  Era muy sexy. En mi menté lo bauticé como “hairflip”. Sí, estoy loca. No es nuevo.

Cogiendo aire me dirigí hacia allí y cuando estuve a punto de tocarle el hombro él se giró. Lo primero que vi fueron sus ojos miel mirándome. Luego bajé la vista y vi una sonrisa en sus labios. Seguí bajando hasta que vi una rosa en sus manos. ¿Una rosa? Él extendió su mano con esa hermosa flor. Boquiabierta la cogí y le miré.

- ¿Para mí? – el asintió. No pude evitar sonreír – gracias, es preciosa.
- No tanto como tú. Ven – dijo cogiéndome de la mano. ¿Dónde íbamos?
- ¿Dónde…? – no pude terminar ya que me cortó.
- ¿Dónde vamos? Ya veras.

Sacudí la cabeza pero dejé arrastrarme por él. Llegamos a un coche plateado. Los cristales estaban tintados, era de dos plazas y cuando tocaba el sol brillaba demasiado. Me abrió la puerta pero yo me quedé mirándolo. Este coche lo había visto antes… Entonces mi menté hizo conexión con recuerdos antiguos.

- ¡Casi me matas! – chillé sin previo aviso. Justin se veía confundido.
- ¿Qué?
- Tú… este coche… hace unas semanas un coche igualito a este casi me atropella. ¿Eras tú? – vi como se sonrojaba y tuve mi respuesta sin que abriera la boca.
- Lo siento. Dejé de mirar la carretera por un momento para cambiar la estación de radio y cuando volví a levantar la vista estabas cruzando el paso de cebra y no estaba seguro de si podría esquivarte. Te aseguro que nunca había estado tan asustado como durante esos segundos en los que pensé que te iba a atropellar – cerró los ojos como recordando lo ocurrido – recé a Dios para poder esquivarte y lo hice. Lo conseguí. Quería aparcar el coche y correr hacia donde te encontrabas para comprobar que estabas bien pero no me atreví. Lo siento.
- No pasa nada, tranquilo. Nadie salió herido, todo está bien – y sí, realmente no estaba molesta con él ni nada – y ahora… me muero de ganas de descubrir a donde vamos.

Conseguí que la preocupación se alejara de su rostro y pude ver de nuevo su sonrisa. Contagiándome sonreí también y entre en el coche. Justin cerró la puerta una vez estaba dentro y rodeó la parte delantera para subir en el asiento del conductor.

El trayecto duró unos 15 minutos. Íbamos en silencio, con el suave sonido de la radio. Pero no fue incómodo en absoluto. Como mínimo yo estaba muy a gusto con esa situación. 

Cuando aparcó salí del coche pero antes de que pusiera un pie en el suelo tenía la mano de Justin extendida delante de mí. Levante mi vista y él me estaba mirando atentamente con una sonrisa. Le sonreí de vuelta y agarre su mano. Él entrelazó nuestros dedos y con su mano libre cerró la puerta y el coche. Sin soltarme caminamos por un camino el cuál no estaba asfaltado. Todo era tierra y piedrecitas pero no me importó. En todo lo que podía pensar era en el calor que la mano de Justin transmitía por todo mi cuerpo. 

De pronto noté que parábamos y le miré. Él no me estaba mirando, tenía su vista fija en el frente así que me giré para observar lo que fuera que él estaba viendo y me quedé sin respiración durante unos segundos.
Delante de nuestros ojos teníamos un enorme prado lleno de flores de diferentes colores. Se veía tan colorido y hermoso. El cielo estaba completamente azul, sin ninguna nube. Y diferentes árboles rodeaban el lugar. Parecía que este prado era medio inexplorado. Estaba convencida que no mucha gente sabría sobre ello.

- Es precioso – dije sin siquiera pensarlo.
- Lo es. Pero ahora lo es aún más – me giré y él me miraba con esa sexy y linda sonrisa – este es mi escondite. Bueno, no es mío pero si necesito pensar en algo me gusta acudir aquí. Me relaja y me hace sentir mejor.
- Gracias – se giró y me miró.
- ¿Gracias por?
Por esto. Gracia por traerme aquí y gracias por dejarme saber sobre este lugar. Es precioso. No sabía que en Alburquerque había lugares como este.
- Bien. Ahora lo sabes – asentí sin apartar la mirada de sus ojos. Él también miraba los míos como si quisiera mirar dentro de ellos. Poco a poco se fue acercando hasta que nuestros labios se tocaron en un suave beso. Después de eso se apartó un poco y yo me encontré deseando que continuara – lo siento si no debería pero no he podido…

No le dejé terminar. Le besé de vuelta pero no había nada de suave ni inocente en mi beso. Sabía que al principio se sorprendió pero enseguida se me unió rodeándome la cintura con ambos brazos y dejando sus manos reposar en la parte baja de mi espalda. Mis brazos se encontraban alrededor de su cuello y no tenía ninguna intención de despegar mis labios de los suyos. Eso se sentía tan bien. Se sentía correcto, como si estuviese destinado a pasar. Como si tuviese que pasar. Obviamente no podíamos quedarnos así lo que quedaba de día así que sin saber como logré separarme pero mantuve mis ojos cerrados. Cuando mis pulsaciones se calmaron abrí los ojos y le miré. Él tenía los ojos cerrados y sonreía. Entonces los abrió de golpe y me sorprendí cuando los vi. Se habían oscurecido un poco pero parecían reflejar adoración y felicidad. ¿Eso por el beso? Guau…

- Creo que es hora de que te lleve a casa – espera, ¿qué?
- ¿A casa?
- Sí – dijo mientras asentía. La confusión era clara en mi rostro – Gabriella, hace más de 1 hora que nos fuimos del parque. Dijiste que tenías que estar en casa en 2 horas.

¡¿Qué?! ¡¿Más de 1 hora?! Saqué mi móvil para comprobarlo y Justin tenía razón. ¿Dónde narices se había ido todo el tiempo? Esto se sintió como si solo hiciera unos 30 minutos. Me di la vuelta y empecé a correr hacia el coche. Sentí como Justin corría detrás de mí mientras reía así que me paré para saber que era tan gracioso.

- Me gustaría saber el chiste.
- No es ningún chiste. Eres tú y tú manera tan linda de ser – vale, cuando me paré estaba un poquito molesta por su risa. Ahora había olvidado eso por completo – la expresión en tu cara cuando miraste la hora en tu teléfono fue algo digno de fotografiar. Y el que te largaras corriendo por el lugar equivocado acabó de rematarlo. El coche no está por ahí, está por el otro lado -  avergonzada bajé la cabeza y fui por donde había venido para ir por el camino correcto. Volví a oír la risa de Justin detrás de mí. Antes de que pudiera girarme de nuevo sentí como la mano de Justin encontraba la mía y las volvía a enlazar. Esto… esto había sido perfecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario