Busca lo que no encuentres

miércoles, 18 de septiembre de 2013

CAPITULO 18

Espero que disfrutéis este capítulo tan especial para Gabriella y Justin, y os agradecería que compartierais la fan fiction en otros blogs, twitter, facebook y otras redes sociales. Gracias :)



Yo volví a tener las mismas esperanzas y de nuevo la realidad me golpeó. Justin y yo estábamos saliendo. Ayer le dije que sí y él me llevó a aquel magnífico prado. Nos besamos por primera vez y todo fue perfecto. Esta mañana había llegado al instituto realmente emocionada por verlo. Ayer llamé a Taylor para explicarle lo que había ocurrido. No sabía a cuantas personas debía contárselo y decidí preguntárselo cuando nos viéramos en el instituto. Taylor me abrazó y me felicitó en cuando me vio. Yo no podía parar de sonreír y mirar la puerta de entrada. Finalmente Justin hizo su aparición. Con una enorme sonrisa iba a dirigirme hacia él pero me paré. Él me miró, me vio y decidió ignorarme. ¡Me ignoró! Como si no estuviera allí parada. Mi sonrisa desapareció y fue sustituida por un ceño fruncido. Me ignora cuando no nos conocemos. Me ignora cuando ya hemos hablado un par de veces. ¿Y ahora sigue ignorándome? ¿Ahora que se supone que soy su novia? ¿Qué significaba eso?

Como Taylor era la única que sabía lo que había entre Justin y yo, en cuanto vio como él me miró y se fue sin decir nada, vino hacia donde me encontraba y me abrazó por detrás. Yo tenía unas ganas inmensas de llorar. No entendía nada. Ayer fue tan dulce conmigo… y ahora actuaba como siempre. ¿Es qué lo de ayer fue una broma? ¿Se arrepintió tan pronto? ¿Qué hice mal?

Fui directa al baño con Taylor. Conseguí frenar mis lágrimas pero necesité unos cuantos minutos para calmarme.

- ¿Estas bien? – me preguntó.
- No, no lo estoy. Ha pasado de mi cara. Me vio allí, a punto de ir hacia él. Y él… - no podía decirlo en voz alta o me derrumbaría y esta vez no podría hacer nada con mis lágrimas.

Taylor no me volvió a abrazar ni nada por el estilo. Me conocía muy bien. Ella sabía que ahora necesitaba el menos contacto posible o me derrumbaría por completo. Una vez lista fuimos a clase. Justin ya estaba en su pupitre y cogiendo aire me dirigí al mío. No le miré cuando pasé por su lado ni cuando puse mis cosas encima de mi mesa. Mi misión del día sería ignorarle como él hacía conmigo. Pero no fue fácil. Durante toda la clase pude ver por el rabillo del ojo como no prestaba atención y me miraba. ¿Por qué no me ignoraba como esta mañana? Deseaba que me ignorara. Sería más fácil para mí ignorarle.

Al final lo conseguí. Logré no volver a mirarle desde la mañana. Por la noche me llamó y decidí ignorarlo. Antes de ir a dormir tenía más de 10 mensajes. Los borré todos. Si quería algo mañana tenía una nueva oportunidad en clase.

Pero no la aprovechó. El viernes fue como el jueves. Él me ignoró, yo le ignoré. Ahora mismo ni siquiera sabía si estábamos juntos o no. Porque si lo estábamos no entendía por qué decidió ignorarme a la mañana siguiente. Tal vez fue un juego para él ese día en el prado, pero para mí fue algo importante. Sentí que estaba haciendo las cosas bien por primera vez en mi vida.

Llegó el fin de semana y no tenía ganas de nada. Quería pasarme tanto el sábado como el domingo tumbada en la cama, pensando en todo y pensando en nada. Decidí apagar mi teléfono. Después de las clases Justin me llamaba cada media hora. No le cogí el teléfono ni en una ocasión. Ya me había hartado de su juego y esperaba estar dejándolo claro.

Le dije a mi madre que me encontraba mal y por suerte me creyó. Casi nunca me pongo mala así que supongo que le vio lógica a que me tocara estar enferma algún día. Morfeo me estaba acechando. Mis párpados se sentían cansados y sentía la necesidad de cerrarlos cuando unos golpes hicieron que los abriera. 

El sueño se había esfumado y el terror inundó mi cuerpo. ¿Qué había sido eso? Todavía era por la mañana así que nadie sería tan tonto de intentar robar en una casa a plena luz del día, ¿no? Yo me encontraba sola. Mis padres estaban en el trabajo y mi hermana se fue de compras con Sharpay. Sí, con Sharpay. 
Volví a oír los golpes y estuve segura que venían de mi ventana. ¿Troy? Cuando estábamos juntos, siendo amigos o novios, a veces venía a casa sin que nadie lo supiera. Trepaba por el árbol y se colaba en mi balcón. Pero no entendía que estaba haciendo aquí. Pero… ¿Y si no era él? 
Decidí ser valiente y me di la vuelta. Estaba tapándome la cara con la sábana por lo que solo veía negro. Decidí ir bajándola poco a poco y entonces le vi. Justin estaba en mi balcón riéndose. Seguramente de mí y mi reacción. Me sentía tentada a dejarle fuera pero no soy tan cruel. Se tomó las molestias de venir aquí y subir por el árbol para llegar. Aunque ahora que lo pienso… una vez lo pillé subido en uno, debe ser algo normal para él ir trepando los arboles.

Abrí la puerta que conducía al balcón y le dejé entrar. La cerré y le enfrenté.

- ¿Qué haces aquí Justin? ¿Qué quieres?
- Hablar.
- Bien. Habla y luego te marchas – soné dura pero no entendía que estaba haciendo aquí.
- No me coges el teléfono y estoy preocupado por ti. Estas muy rara conmigo. ¿Qué ocurre? - ¿Qué qué ocurre? ¿Qué yo estoy rara con él? Esto era para morirse de la risa, de verdad - ¿Te has arrepentido de decirme “sí”?
- ¿Te has arrepentido tú? – se le vio sorprendido por mi pregunta. Como si no la entendiera.
- Nunca.
- ¿Entonces por qué me ignoras? ¿Qué hice? ¿Qué cambió en tan pocas horas?
- Yo no… - pero no le dejé terminar. ¿Quería hablar? Hablaríamos.
- ¿Sabes cómo me he sentido? No me arrepiento de lo que sucedió el miércoles. No me arrepiento de decirte que “sí” y no me arrepiento de haberte besado. Pero… - mientras hablaba intentaba contener mis lágrimas – yo pensé que todo estaba bien. El jueves por la mañana lo primero que quería hacer era saludarte. No hacía falta que nos besáramos delante de todo el instituto pero un “hola” no haría ningún tipo de daño – justo entonces pareció entenderlo – me ignoraste. Iba hacia ti, me miraste y giraste la cara como si no estuviera allí. ¿Sabes lo humillante que fue eso para mí? Luego durante el resto del día no me dijiste nada. ¡Nada! Maldita sea Justin, nos habíamos besado el día anterior.  Se suponía que estábamos juntos pero tú actuabas como si no nos conociéramos. Y luego de clase me llamabas como si nada hubiera pasado. ¿De verdad creías que después de haber tenido todo un día en el instituto para hablar conmigo decidiría cogerte el teléfono? ¿No usas la lógica? – iba a seguir cantándole las 40 pero sus labios pararon mis palabras e intenciones. Simplemente me perdí en el momento. Me perdí en el contacto y el sabor de sus labios sobre los míos. Esto era demasiado bueno y adictivo. Peligroso a un nivel realmente alto.
- Lo siento. Estoy jodidamente seguro que esto no arregla ni compensa mucho pero lo siento. No sabes cómo me gustaría besarte en medio de la cafetería, durante el almuerzo con todos mirándonos. Dejando saber a todo el mundo que tengo la novia más hermosa e increíble que hay en Alburquerque y en todo el mundo – dejó ir un suspiro – pero no podía. No puedo. Preciosa, no sabes todo el equipaje que viene conmigo. Tú aceptaste algo sin saber las condiciones ni consecuencias. Tal vez debería explicártelo pero no puedo, no quiero, no es bueno. No necesitas cargar con mi mierda. Tú no necesitas eso en absoluto – no entendía de qué estaba hablando y seguía perdida en su toque. No paraba de acariciarme las mejillas con sus manos y se sentía muy bien – te has metido debajo de mi piel Gabriella. Desde el primer día que te vi en clase algo me sacudió y supe que no podía dejarte escapar pese a todo lo que me rodea. Si te ignoro en el instituto, cosa que no es cierta, es solo por tu bien. – ahí me pilló.
- ¿Por qué ignorarme sería algo bueno para mí?
- Porque no quiero que te vean conmigo, así de simple.
- ¿Te… te avergüenzas de mí? – esa pregunta estaba en mi mente desde que hablamos por primera vez.
- ¿Qué? Estás loca – sus manos abandonaron mi cara y sus brazos me rodearon para apretarme contra su pecho – tú tendrías que estar avergonzada de estar con un tipo como yo. Alguien que vive con un montón de problemas que ni siquiera puede compartir con su chica. Lo siento Gabriella. Me importas mucho, muchísimo. Nunca me había sentido así por una chica antes – me apartó un poco para poder mirarme a los ojos – lo único que te puedo decir ahora es que en público no seré capaz de estar contigo, no de momento.
- ¿Estás diciendo que nos tendremos que ver a escondidas?
- Algo por el estilo, sí. Pero solo de manera temporal. Te prometo que solo será al principio. Cuando vea que pueda hacerlo te contaré todo lo que quieras saber.
- ¿Todo? – estaba impaciente para que cumpliera su promesa.
- Todo.

Miré a sus ojos y pude ver en lo más profundo que no mentía. Me estaba diciendo la verdad y decidí que eso estaba bien.  Decidí esperar hasta que estuviera preparado para contármelo. Una relación en secreto no es nada malo, ¿no? Dijo que me había metido debajo su piel y la verdad es que él también. Estaba asustada porque yo solo había estado con Troy y sin duda esto no era lo que sentía con él. Esto era mucho más intenso y más… fuerte. Más especial de alguna manera. Supongo que por eso dejé que sucediera lo que sucedió.

Justin me besó. Empezó siendo un beso dulce sin segundas intenciones, pero diría que yo fui la que decidió hacerlo más intenso. Al principio nuestros labios se movían sin prisa pero sin pausa, ahora nuestras lenguas danzaban con fuerza saboreando el uno al otro. Sin separarme de él lo llevé hasta el borde de mi cama. La parte de atrás de mis rodillas chocaron con el colchón y yo me caí encima llevando conmigo a Justin. 

Rompimos el contacto de nuestros labios y aproveché ese momento para arrastrarme un poco más arriba y así poder estar estirada completamente en la cama. Justin siguió mis pasos sin dejar de mirarme. Cuando mi cabeza tocó la almohada decidió que ya había esperado lo suficiente y su boca volvió a atacar la mía. 

Cuando se separaba de mí no podía evitar gruñir por la decepción pero él empezaba a besarme el cuello, los hombros y yo sentía placer. Con su ayuda me quité la camiseta y luego se la quitó él. Nuestros pechos estarían en contacto si no fuera por mi sujetador, prenda de la cual nos deshicimos enseguida. Ahora estábamos piel contra piel, era increíble. Poco a poco Justin bajó sus labios por mi cuerpo hasta llegar a mis pechos. Mirándome tomó uno de ellos en su boca y el placer que sentía se intensificó aún más. Después de estar jugando un rato con uno de mis pechos se fue a por el siguiente y la verdad es que no sabía cómo esto podía ser mejor. Nos quitamos nuestros pantalones mientras nos besábamos y cuando Justin puso sus manos por debajo del elástico de mis bragas para bajarlas mis reflejos me hicieron pararlo, lo cual ocasionó una mirada confundida.

- Esto… yo… - no sabía cómo decirlo, estaba muerta de vergüenza – yo nunca he hecho esto antes Justin – mis palabras lo dejaron como en shock.
- ¿Eres virgen? – en su rostro aún se veía la estupefacción.
- Sí.
- ¿Cómo coño es posible? No te ofendas preciosa, pero estás buenísima. ¿Nunca ha habido nadie especial? – sin duda él no entendía como podía seguir siendo virgen, cosa que me gustó.
- Lo hubo pero no pasamos de la primera base, ya sabes, tocamientos por encima la ropa. No me sentía preparada.
- ¿Y te sientes preparada conmigo? – asentí – Gabriella, llevamos 4 días saliendo. 4 días y me vas a entregar algo tan preciado como tu inocencia. No puedo hacerlo - ¿Qué? Oh no, no, no. ¿Cómo qué no puede hacerlo? Estoy tan excitadísima que me duelen los pechos y parece que me haya meado encima. Se lo dije para que no se llevara una sorpresa, no para que parara. Sí, iba a ser mi primero. Y sí, llevábamos solo 4 días saliendo pero jamás me había sentido así con nadie. Ni durante los años que estuve con Troy se me pasó por la mente hacer esto como se me había pasado con Justin.
- Justin, quiero hacerlo – él negó con la cabeza – por favor, lo quiero. Te necesito. Te deseo. Jamás había deseado a nadie como te deseo a ti, por eso quiero que continuemos con esto. De verdad que lo necesito Justin. Por favor – me miró por un buen rato. Mi excitación estaba empezando a ser menos intensa hasta que sin previo aviso se me lanzó encima y me besó con fuerza.
- Tal vez me voy a arrepentir de hacerte esto más tarde, pero yo también te necesito preciosa. Te necesito tanto que duele aunque creo que esto te va a doler más a ti. Nunca he desvirgado a ninguna chica Gabriella, se tanto sobre eso como tú. Si… si te duele, si te hago daño solo dímelo y pararé ¿de acuerdo? Iré despacio tú solo dime que pare si te duele demasiado.

Asentí y después de besarme de nuevo su boca fue descendiendo por mi cuerpo. Volvió a colocar sus manos debajo del elástico de mis bragas y me miró como pidiéndome permiso. Asentí cerrando los ojos. Él suavemente me deslizó las bragas y me las quitó. Me abrió las piernas y confundida al no sentir su peso sobre mí, abrí los ojos. Su cabeza se encontraba entre mis piernas y estaba segura de lo que venía a continuación. Nunca me habían practicado sexo oral y anhelaba saber que se sentía. En cuanto los labios de Justin estuvieron en mi zona más sensible no pude evitar dejar ir un suspiro de satisfacción. Empezó a besar toda la zona y luego se puso a jugar con su lengua. Madre mía, había oído sobre el placer que esto causaba pero no creía que fuera algo tan bueno. Lo era. Sentí como mi cuerpo no podía aguantar más. Sentí como estaba a punto de tener mi orgasmo y Justin seguía entre mis piernas. Quería avisarle pero ninguna palabra salía de mi boca. Al final pasó lo inevitable, tuve mi primer orgasmo y cuando mi cuerpo se calmó vi a Justin encima de mí relamiéndose los labios.

- Dulces besos, dulce sabor. Eres tan dulce Gabriella. Mi dulce y preciosa chica – dijo como si fuera una reverencia.

Yo no podía ni hablar. Lo que acababa de sentir era irreal y estaba un poco fascinada por el hecho de que Justin no se apartó cuando me vine. Me excitó. Sin perder tiempo me besó y pude saborearme. Si, era dulce. Ahora tenía ganas de saborearle a él así que cuando mis manos se dirigieron a su entrepierna él las paró descubriendo mis intenciones.

- Lo siento preciosa, pero esto se trata de ti. No de mí. Necesitas estar lista, necesitas estar relajada. Te mentiría si dijera que no quiero sentir tu toque, tus labios ahí. Pero ahora no es el momento. Nos quedan muchos otros días por delante.

<<Nos quedan muchos otros días>>. Dios, esas simples palabras me excitaron aún más de lo que ya estaba. Casi ni me di cuenta cuando Justin se quitó sus bóxers y se colocó un preservativo. Me besó y aunque rompió el beso no apartó sus labios.

- Quiero que me avises si te hago mucho daño. No te lo calles Gabriella, o me enfadaré.

Asentí, no podía hablar. Estaba perdida entre tanta excitación. No vi como intentaba introducir su amigo en mi pero lo sentí. Diablos si lo sentí. Justin estaba haciendo un gran esfuerzo para que entrara. Pese a la situación una pequeña risa surgió de mi debido a las maldiciones de Justin.

- No te rías de mi preciosa. Estás tan jodidamente apretada que me cuesta demasiado.

Pero al final lo hizo, lo consiguió. Cuando consiguió que la punta entrara embistió de golpe y sin previo aviso. Dolió. Mi grado de excitación bajo considerablemente para dejar paso al dolor. No quería llorar así que para evitarlo solo fruncí la cara. Note como Justin me acariciaba dulcemente intentando relajarme.

- Shh… lo siento. Una vez oí que es mejor introducirla de golpe y luego dejar que tu cuerpo se acostumbre a ella. ¿Dolió mucho? – negué con la cabeza. En realidad sí que lo hizo pero tenía miedo a que decidiera parar.


Esperó un rato y luego empezó a bombear. Demonios, ahora el dolor era menos intenso y mi excitación volvía a su posición. Rodeé a Justin con mis piernas y mis manos arañaron su espalda. Justin no paraba de bombear y de besarme en todos los rincones de mi cara hasta que ya no pude más. Llegué al máximo nivel y exploté seguida de Justin. Ambos nos derrumbamos uno encima del otro, cansados y sudorosos. Fue… espectacular.



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