Yo volví a tener
las mismas esperanzas y de nuevo la realidad me golpeó. Justin y yo estábamos
saliendo. Ayer le dije que sí y él me llevó a aquel magnífico prado. Nos
besamos por primera vez y todo fue perfecto. Esta mañana había llegado al
instituto realmente emocionada por verlo. Ayer llamé a Taylor para explicarle
lo que había ocurrido. No sabía a cuantas personas debía contárselo y decidí
preguntárselo cuando nos viéramos en el instituto. Taylor me abrazó y me
felicitó en cuando me vio. Yo no podía parar de sonreír y mirar la puerta de
entrada. Finalmente Justin hizo su aparición. Con una enorme sonrisa iba a
dirigirme hacia él pero me paré. Él me miró, me vio y decidió ignorarme. ¡Me
ignoró! Como si no estuviera allí parada. Mi sonrisa desapareció y fue
sustituida por un ceño fruncido. Me ignora cuando no nos conocemos. Me ignora
cuando ya hemos hablado un par de veces. ¿Y ahora sigue ignorándome? ¿Ahora que
se supone que soy su novia? ¿Qué significaba eso?
Como Taylor era
la única que sabía lo que había entre Justin y yo, en cuanto vio como él me
miró y se fue sin decir nada, vino hacia donde me encontraba y me abrazó por
detrás. Yo tenía unas ganas inmensas de llorar. No entendía nada. Ayer fue tan
dulce conmigo… y ahora actuaba como siempre. ¿Es qué lo de ayer fue una broma?
¿Se arrepintió tan pronto? ¿Qué hice mal?
Fui directa al
baño con Taylor. Conseguí frenar mis lágrimas pero necesité unos cuantos
minutos para calmarme.
- ¿Estas bien? – me
preguntó.
- No, no lo estoy.
Ha pasado de mi cara. Me vio allí, a punto de ir hacia él. Y él… - no podía
decirlo en voz alta o me derrumbaría y esta vez no podría hacer nada con mis
lágrimas.
Taylor no me
volvió a abrazar ni nada por el estilo. Me conocía muy bien. Ella sabía que
ahora necesitaba el menos contacto posible o me derrumbaría por completo. Una
vez lista fuimos a clase. Justin ya estaba en su pupitre y cogiendo aire me
dirigí al mío. No le miré cuando pasé por su lado ni cuando puse mis cosas
encima de mi mesa. Mi misión del día sería ignorarle como él hacía conmigo.
Pero no fue fácil. Durante toda la clase pude ver por el rabillo del ojo como
no prestaba atención y me miraba. ¿Por qué no me ignoraba como esta mañana?
Deseaba que me ignorara. Sería más fácil para mí ignorarle.
Al final lo
conseguí. Logré no volver a mirarle desde la mañana. Por la noche me llamó y
decidí ignorarlo. Antes de ir a dormir tenía más de 10 mensajes. Los borré todos.
Si quería algo mañana tenía una nueva oportunidad en clase.
Pero no la
aprovechó. El viernes fue como el jueves. Él me ignoró, yo le ignoré. Ahora
mismo ni siquiera sabía si estábamos juntos o no. Porque si lo estábamos no
entendía por qué decidió ignorarme a la mañana siguiente. Tal vez fue un juego
para él ese día en el prado, pero para mí fue algo importante. Sentí que estaba
haciendo las cosas bien por primera vez en mi vida.
Llegó el fin de
semana y no tenía ganas de nada. Quería pasarme tanto el sábado como el domingo
tumbada en la cama, pensando en todo y pensando en nada. Decidí apagar mi
teléfono. Después de las clases Justin me llamaba cada media hora. No le cogí
el teléfono ni en una ocasión. Ya me había hartado de su juego y esperaba estar
dejándolo claro.
Le dije a mi
madre que me encontraba mal y por suerte me creyó. Casi nunca me pongo mala así
que supongo que le vio lógica a que me tocara estar enferma algún día. Morfeo
me estaba acechando. Mis párpados se sentían cansados y sentía la necesidad de
cerrarlos cuando unos golpes hicieron que los abriera.
El sueño se había
esfumado y el terror inundó mi cuerpo. ¿Qué había sido eso? Todavía era por la
mañana así que nadie sería tan tonto de intentar robar en una casa a plena luz
del día, ¿no? Yo me encontraba sola. Mis padres estaban en el trabajo y mi
hermana se fue de compras con Sharpay. Sí, con Sharpay.
Volví a oír los golpes
y estuve segura que venían de mi ventana. ¿Troy? Cuando estábamos juntos,
siendo amigos o novios, a veces venía a casa sin que nadie lo supiera. Trepaba
por el árbol y se colaba en mi balcón. Pero no entendía que estaba haciendo
aquí. Pero… ¿Y si no era él?
Decidí ser valiente y me di la vuelta. Estaba tapándome la cara con la sábana por lo que solo veía negro. Decidí ir bajándola poco a poco y entonces le vi. Justin estaba en mi balcón riéndose.
Seguramente de mí y mi reacción. Me sentía tentada a dejarle fuera pero no soy
tan cruel. Se tomó las molestias de venir aquí y subir por el árbol para llegar. Aunque ahora que lo pienso… una vez lo pillé subido en uno, debe ser algo
normal para él ir trepando los arboles.
Abrí la puerta
que conducía al balcón y le dejé entrar. La cerré y le enfrenté.
- ¿Qué haces aquí
Justin? ¿Qué quieres?
- Hablar.
- Bien. Habla y luego
te marchas – soné dura pero no entendía que estaba haciendo aquí.
- No me coges el
teléfono y estoy preocupado por ti. Estas muy rara conmigo. ¿Qué ocurre? - ¿Qué
qué ocurre? ¿Qué yo estoy rara con él? Esto era para morirse de la risa, de
verdad - ¿Te has arrepentido de decirme “sí”?
- ¿Te has
arrepentido tú? – se le vio sorprendido por mi pregunta. Como si no la
entendiera.
- Nunca.
- ¿Entonces por qué
me ignoras? ¿Qué hice? ¿Qué cambió en tan pocas horas?
- Yo no… - pero no
le dejé terminar. ¿Quería hablar? Hablaríamos.
- ¿Sabes cómo me he
sentido? No me arrepiento de lo que sucedió el miércoles. No me arrepiento de
decirte que “sí” y no me arrepiento de haberte besado. Pero… - mientras hablaba
intentaba contener mis lágrimas – yo pensé que todo estaba bien. El jueves por
la mañana lo primero que quería hacer era saludarte. No hacía falta que nos
besáramos delante de todo el instituto pero un “hola” no haría ningún tipo de
daño – justo entonces pareció entenderlo – me ignoraste. Iba hacia ti, me
miraste y giraste la cara como si no estuviera allí. ¿Sabes lo humillante que
fue eso para mí? Luego durante el resto del día no me dijiste nada. ¡Nada!
Maldita sea Justin, nos habíamos besado el día anterior. Se suponía que estábamos juntos pero tú
actuabas como si no nos conociéramos. Y luego de clase me llamabas como si nada
hubiera pasado. ¿De verdad creías que después de haber tenido todo un día en el
instituto para hablar conmigo decidiría cogerte el teléfono? ¿No usas la
lógica? – iba a seguir cantándole las 40 pero sus labios pararon mis palabras e
intenciones. Simplemente me perdí en el momento. Me perdí en el contacto y el
sabor de sus labios sobre los míos. Esto era demasiado bueno y adictivo.
Peligroso a un nivel realmente alto.
- Lo siento. Estoy
jodidamente seguro que esto no arregla ni compensa mucho pero lo siento. No
sabes cómo me gustaría besarte en medio de la cafetería, durante el almuerzo con
todos mirándonos. Dejando saber a todo el mundo que tengo la novia más hermosa e
increíble que hay en Alburquerque y en todo el mundo – dejó ir un suspiro –
pero no podía. No puedo. Preciosa, no sabes todo el equipaje que viene conmigo.
Tú aceptaste algo sin saber las condiciones ni consecuencias. Tal vez debería
explicártelo pero no puedo, no quiero, no es bueno. No necesitas cargar con mi
mierda. Tú no necesitas eso en absoluto – no entendía de qué estaba hablando y
seguía perdida en su toque. No paraba de acariciarme las mejillas con sus manos
y se sentía muy bien – te has metido debajo de mi piel Gabriella. Desde el
primer día que te vi en clase algo me sacudió y supe que no podía dejarte
escapar pese a todo lo que me rodea. Si te ignoro en el instituto, cosa que no
es cierta, es solo por tu bien. – ahí me pilló.
- ¿Por qué
ignorarme sería algo bueno para mí?
- Porque no quiero
que te vean conmigo, así de simple.
- ¿Te… te
avergüenzas de mí? – esa pregunta estaba en mi mente desde que hablamos por
primera vez.
- ¿Qué? Estás loca
– sus manos abandonaron mi cara y sus brazos me rodearon para apretarme contra
su pecho – tú tendrías que estar avergonzada de estar con un tipo como yo.
Alguien que vive con un montón de problemas que ni siquiera puede compartir con
su chica. Lo siento Gabriella. Me importas mucho, muchísimo. Nunca me había
sentido así por una chica antes – me apartó un poco para poder mirarme a los
ojos – lo único que te puedo decir ahora es que en público no seré capaz de
estar contigo, no de momento.
- ¿Estás diciendo
que nos tendremos que ver a escondidas?
- Algo por el
estilo, sí. Pero solo de manera temporal. Te prometo que solo será al
principio. Cuando vea que pueda hacerlo te contaré todo lo que quieras saber.
- ¿Todo? – estaba
impaciente para que cumpliera su promesa.
- Todo.
Miré a sus ojos y
pude ver en lo más profundo que no mentía. Me estaba diciendo la verdad y
decidí que eso estaba bien. Decidí
esperar hasta que estuviera preparado para contármelo. Una relación en secreto
no es nada malo, ¿no? Dijo que me había metido debajo su piel y la verdad es
que él también. Estaba asustada porque yo solo había estado con Troy y sin duda
esto no era lo que sentía con él. Esto era mucho más intenso y más… fuerte. Más
especial de alguna manera. Supongo que por eso dejé que sucediera lo que
sucedió.
Justin me besó.
Empezó siendo un beso dulce sin segundas intenciones, pero diría que yo fui la
que decidió hacerlo más intenso. Al principio nuestros labios se movían sin
prisa pero sin pausa, ahora nuestras lenguas danzaban con fuerza saboreando el uno al otro. Sin separarme de él lo llevé hasta el borde de mi cama. La parte
de atrás de mis rodillas chocaron con el colchón y yo me caí encima llevando
conmigo a Justin.
Rompimos el contacto de nuestros labios y aproveché ese
momento para arrastrarme un poco más arriba y así poder estar estirada
completamente en la cama. Justin siguió mis pasos sin dejar de mirarme. Cuando
mi cabeza tocó la almohada decidió que ya había esperado lo suficiente y su
boca volvió a atacar la mía.
Cuando se separaba de mí no podía evitar gruñir
por la decepción pero él empezaba a besarme el cuello, los hombros y yo sentía
placer. Con su ayuda me quité la camiseta y luego se la quitó él. Nuestros
pechos estarían en contacto si no fuera por mi sujetador, prenda de la cual nos
deshicimos enseguida. Ahora estábamos piel contra piel, era increíble. Poco a
poco Justin bajó sus labios por mi cuerpo hasta llegar a mis pechos. Mirándome
tomó uno de ellos en su boca y el placer que sentía se intensificó aún más.
Después de estar jugando un rato con uno de mis pechos se fue a por el
siguiente y la verdad es que no sabía cómo esto podía ser mejor. Nos quitamos
nuestros pantalones mientras nos besábamos y cuando Justin puso sus manos por
debajo del elástico de mis bragas para bajarlas mis reflejos me hicieron
pararlo, lo cual ocasionó una mirada confundida.
- Esto… yo… - no
sabía cómo decirlo, estaba muerta de vergüenza – yo nunca he hecho esto antes
Justin – mis palabras lo dejaron como en shock.
- ¿Eres virgen? –
en su rostro aún se veía la estupefacción.
- Sí.
- ¿Cómo coño es
posible? No te ofendas preciosa, pero estás buenísima. ¿Nunca ha habido nadie
especial? – sin duda él no entendía como podía seguir siendo virgen, cosa que me gustó.
- Lo hubo pero no
pasamos de la primera base, ya sabes, tocamientos por encima la ropa. No me
sentía preparada.
- ¿Y te sientes
preparada conmigo? – asentí – Gabriella, llevamos 4 días saliendo. 4 días y me
vas a entregar algo tan preciado como tu inocencia. No puedo hacerlo - ¿Qué? Oh
no, no, no. ¿Cómo qué no puede hacerlo? Estoy tan excitadísima que me duelen
los pechos y parece que me haya meado encima. Se lo dije para que no se llevara
una sorpresa, no para que parara. Sí, iba a ser mi primero. Y sí, llevábamos
solo 4 días saliendo pero jamás me había sentido así con nadie. Ni durante los
años que estuve con Troy se me pasó por la mente hacer esto como se me había
pasado con Justin.
- Justin, quiero
hacerlo – él negó con la cabeza – por favor, lo quiero. Te necesito. Te deseo.
Jamás había deseado a nadie como te deseo a ti, por eso quiero que continuemos
con esto. De verdad que lo necesito Justin. Por favor – me miró por un buen
rato. Mi excitación estaba empezando a ser menos intensa hasta que sin previo
aviso se me lanzó encima y me besó con fuerza.
- Tal vez me voy a
arrepentir de hacerte esto más tarde, pero yo también te necesito preciosa. Te
necesito tanto que duele aunque creo que esto te va a doler más a ti. Nunca he
desvirgado a ninguna chica Gabriella, se tanto sobre eso como tú. Si… si te
duele, si te hago daño solo dímelo y pararé ¿de acuerdo? Iré despacio tú solo
dime que pare si te duele demasiado.
Asentí y después
de besarme de nuevo su boca fue descendiendo por mi cuerpo. Volvió a colocar
sus manos debajo del elástico de mis bragas y me miró como pidiéndome permiso.
Asentí cerrando los ojos. Él suavemente me deslizó las bragas y me las quitó.
Me abrió las piernas y confundida al no sentir su peso sobre mí, abrí los ojos.
Su cabeza se encontraba entre mis piernas y estaba segura de lo que venía a
continuación. Nunca me habían practicado sexo oral y anhelaba saber que se
sentía. En cuanto los labios de Justin estuvieron en mi zona más sensible no
pude evitar dejar ir un suspiro de satisfacción. Empezó a besar toda la zona y
luego se puso a jugar con su lengua. Madre mía, había oído sobre el placer que
esto causaba pero no creía que fuera algo tan bueno. Lo era. Sentí como mi
cuerpo no podía aguantar más. Sentí como estaba a punto de tener mi orgasmo y
Justin seguía entre mis piernas. Quería avisarle pero ninguna palabra salía de
mi boca. Al final pasó lo inevitable, tuve mi primer orgasmo y cuando mi cuerpo
se calmó vi a Justin encima de mí relamiéndose los labios.
- Dulces besos,
dulce sabor. Eres tan dulce Gabriella. Mi dulce y preciosa chica – dijo como si
fuera una reverencia.
Yo no podía ni
hablar. Lo que acababa de sentir era irreal y estaba un poco fascinada por el
hecho de que Justin no se apartó cuando me vine. Me excitó. Sin perder tiempo
me besó y pude saborearme. Si, era dulce. Ahora tenía ganas de saborearle
a él así que cuando mis manos se dirigieron a su entrepierna él las paró
descubriendo mis intenciones.
- Lo siento
preciosa, pero esto se trata de ti. No de mí. Necesitas estar lista, necesitas
estar relajada. Te mentiría si dijera que no quiero sentir tu toque, tus labios
ahí. Pero ahora no es el momento. Nos quedan muchos otros días por delante.
<<Nos
quedan muchos otros días>>. Dios, esas simples palabras me excitaron aún
más de lo que ya estaba. Casi ni me di cuenta cuando Justin se quitó sus bóxers
y se colocó un preservativo. Me besó y aunque rompió el beso no apartó sus
labios.
- Quiero que me
avises si te hago mucho daño. No te lo calles Gabriella, o me enfadaré.
Asentí, no podía
hablar. Estaba perdida entre tanta excitación. No vi como intentaba introducir
su amigo en mi pero lo sentí. Diablos si lo sentí. Justin estaba haciendo un
gran esfuerzo para que entrara. Pese a la situación una pequeña risa surgió de
mi debido a las maldiciones de Justin.
- No te rías de mi
preciosa. Estás tan jodidamente apretada que me cuesta demasiado.
Pero al final lo
hizo, lo consiguió. Cuando consiguió que la punta entrara embistió de golpe y
sin previo aviso. Dolió. Mi grado de excitación bajo considerablemente para
dejar paso al dolor. No quería llorar así que para evitarlo solo fruncí la
cara. Note como Justin me acariciaba dulcemente intentando relajarme.
- Shh… lo siento.
Una vez oí que es mejor introducirla de golpe y luego dejar que tu cuerpo se
acostumbre a ella. ¿Dolió mucho? – negué con la cabeza. En realidad sí que lo
hizo pero tenía miedo a que decidiera parar.
Esperó un rato y
luego empezó a bombear. Demonios, ahora el dolor era menos intenso y mi
excitación volvía a su posición. Rodeé a Justin con mis piernas y mis manos
arañaron su espalda. Justin no paraba de bombear y de besarme en todos los
rincones de mi cara hasta que ya no pude más. Llegué al máximo nivel y exploté
seguida de Justin. Ambos nos derrumbamos uno encima del otro, cansados y
sudorosos. Fue… espectacular.
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