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domingo, 1 de septiembre de 2013

CAPITULO 7

El sábado fui al parque cercano a mi casa con mi guitarra. Sabía tocar algún que otro acorde pero me era suficiente para componer canciones. La gente plasma sus frustraciones y sentimientos de diferentes maneras. Yo escribo canciones para expresarme libremente, expresar mis pensamientos y lo que siento. Obviamente esas canciones las guardo para mi misma, son cosas de mi vida y algunas no me apetece hacerlas pública a decir verdad. 

Estuve como 1 hora tocando diferentes canciones, no me sabía muchas pero podría entretener a la gente en una fiesta durante un rato. Cuando acabé de tocar la que era la última antes de ir a casa, un aplauso a mi espalda hizo que girara de golpe y casi se cae mi guitarra al suelo. Menos mal que noté como se deslizaba por mis piernas y tuve buenos reflejos. Con la guitarra de nuevo en mis manos y bien sujeta me volví a girar. Bieber estaba parado justo ahí, detrás de mí. Lucía tan guapo como siempre, con ese pelo rubio tan bien colocado. Me gustaba su cabello, su melena. Sus ojos miel me miraban con intensidad y tenía una hermosa sonrisa pintada en su rostro.

- ¿Es tuya?
- ¿El qué? ¿La guitarra? Sí.
- No, la canción.
- Estás de broma, ¿cierto? – no podía creer que el pensara que yo compuse una canción de Taylor Swift.
- Pues me gustaría estar de broma y así poder reír un rato pero no, no lo estoy. De verdad creí que la canción era tuya, la cantabas con mucho sentimiento – creí en sus palabras básicamente porque parecía sincero – eres buena con la guitarra. ¿Desde cuando tocas?
- Hará unos años, 4 más o menos. ¿Tú también tocas la guitarra? – su sonrisa se ensanchó en cuanto acabé de formular esa pregunta.
- Desde que era un mocoso. A demás también toco el piano y la batería.
- Vaya, Mr. Talento. ¿Algún instrumento más para incluir en la lista?
- Sí, la trompeta. Pero en realidad en clase de música hacía trampa por lo que no cuenta.

Sin saber muy bien por qué me puse a reír. Sí, es cierto, lo que dijo tuvo su gracia pero no había planeado para nada reírme. Fue algo que me salió natural y me gustó.

Antes de darme cuenta Bieber se había sentado a mi lado.

- ¿Me la dejas?

Asintiendo le presté mi guitarra. Él toco algunos acordes al azar y se aclaró la garganta.

- Esta canción la compuse yo. Te la dedico Gabriella.

¿Me iba a dedicar una canción? No, espera. ¿Me iba a dedicar una canción y la iba a cantar? No, no. Espera… ¿Me iba a dedicar y cantar una canción que él mismo ha compuesto? Mi sorpresa era máxima y deseé escuchar esa canción más de lo que pensé que podría desearlo.



“Shockeada”, conmocionada, sorprendida… sin duda me definirían en estos momentos. Su voz… su voz era hermosa y dulce. Tenía un tono encantador que te hacía querer escuchar más y más. Pasarte toda el día escuchándole cantar y tal vez la noche.

Tocaba la guitarra como si hubiera nacido haciéndolo. Como todo un profesional. No falló ni un acorde y se notaba que esa canción era suya. La confianza con la que no solo la tocaba sino que también como la cantaba… solo lo hacía mejor.

Y sobre la letra y el hecho de que dijo que me la dedicaba no sabía que decir, que pensar. Estaba totalmente confundida. Es decir… ¿No me lo decía en serio, no? No nos conocemos. No puede ser que lo que dice vaya en serio. Pero entonces ¿por qué dijo que me la dedicaba?

- Y bien, ¿qué opinas?
- Tienes una voz increíble y te manejas cien mil veces mejor que yo con la guitarra. Es increíble, de verdad.
- ¿Y la canción?
- La canción no está mal, tiene su enganche. – la verdad es que no quería hablar mucho de la canción pues la posible razón por la cual me la “dedicó” me seguía reconcomiendo la cabeza.
- Sí… puede ser. ¿Te apetece ir a tomar algo?
- Tengo un poco de prisa para llegar a casa. Cuando apareciste tenía intención de guardar mi guitarra en su funda e irme. Ya llevo un largo rato aquí – y no quiero hablar sobre la canción, pero esa razón me la guardé en mi mente.
- ¿Me das tu número? Creo que podría ayudarte un poco a perfeccionar la guitarra.

Mi cabeza y mi instinto decían que no lo hiciera, mi subconsciente parecía que me empujara para hacerlo y mi corazón… mi corazón estaba callado. Nunca llegaré a entender cómo se puede hacer eso de <<escuchar a tu corazón>>.

- Sí, claro.

Apunté mi número en su móvil y me fui. Ya era la segunda vez que me lo encontraba por el barrio pero sin embargo no me suena que viva en una de estas casas, no me suena haberle visto otras veces a parte de estas dos. Pero el chico es simpático, ese punto se lo ha ganado.


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